21 de diciembre de 2012

El oculista Forlenze


Jacques-Antoine Vallin (c.1760-c.1835). Joseph Forlenze (1807)
Óleo sobre lienzo. 209,6 x 128,3 cm.
The National Gallery. London

Nada hace pensar, al mirar este cuadro, que pueda tener relación con la medicina. Sin embargo, estamos ante el retrato de un destacado cirujano de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Un cirujano a quien se puede considerar ya un auténtico especialista en oftalmología, uno de los pioneros de la especialidad: Joseph Forlenze. Quiero imaginar -imaginar tan solo, porque seguramente nunca podremos tener certeza de ello- que el hermoso paisaje, con el humeante Vesubio y el faro visto desde el Molo, el puerto de Nápoles, no sólo hace alusión a la tierra natal del oculista, sino que expresa además el beneficio que se obtiene tras la operación de cataratas -en la que era experto- al volver a disfrutar nítidamente de las maravillas que el mundo ofrece a la vista, y que la rosa que lleva en su mano derecha sería el símbolo de la delicadeza con la que Forlenze llevaba a cabo dicha operación.

En el pequeño municipio de Picerno, en la Basilicata, el 3 de febrero de 1757, cuando todavía esta región del sur de Italia formaba parte del Reino de Nápoles (y, por tanto, de la Corona española, siendo rey de Nápoles Carlos VII -Carlo di Borbone se le suele llamar allí- el mismo que, a partir de 1759, reinaría en España como Carlos III), nacía Giuseppe Nicolò Leonardo Biagio Forlenza, hijo y sobrino de cirujanos-barberos. Giuseppe inició sus estudios de cirugía en Nápoles; pero luego se trasladó a Francia para ampliar su formación, y en ese país ejercería como cirujano la mayor parte de su vida, hasta su fallecimiento en París, el 22 de julio de 1833, con 76 años de edad. Por eso se le conoce habitualmente con su nombre en francés y así le llamaremos: Joseph-Nicolas-Blaise Forlenze.

En París, Forlenze fue discípulo del más importante cirujano francés de la época, Pierre-Joseph Desault, de quien llegó a ser íntimo amigo y colaborador en sus estudios anatómicos. Luego se trasladó a Inglaterra, donde pasó dos años más formándose en el St George's Hospital, de Londres, que dirigía otro famoso cirujano: John Hunter. Viajó también a Holanda y Alemania para aumentar aún más su formación. Y ya de vuelta en Francia se estableció en París, ejerciendo como oftalmólogo. En 1798 operaba en el Hôtel National des Invalides y en el hospital más renombrado de París, el Hôtel Dieu. Operó a ilustres personalidades, como Jean-Étienne-Marie Portalis, célebre jurista que intervino activamente en la vida política francesa, tanto en tiempos de la Revolución como de Napoleón, o el poeta Ponce-Denis Écouchard-Lebrun, a quien devolvió la vista en uno de sus ojos cegado por la catarata desde hacía doce años y quien, como corresponde a su oficio, obsequió al oculista con una oda titulada Les conquêtes de l'homme sur la nature, en la que se pueden leer los siguientes versos:

"O lyre, ne sois pas ingrate!
Qu'um doux nom dans nos vers éclate
Brillant comme l'astre des cieux!
Je revois sa clarté première;
Chante l'art qui rend la lumière;
Forlenze a dévoilé mes yeux."

Aunque no sólo atendió a las celebridades, lógicamente. Forlenze trató en París a un buen número soldados, de los que regresaron tras la campaña de Napoleón en Egipto, que habían sufrido graves enfermedades oculares, como ya hemos comentado en este blog cuando hablábamos del barón Desgenettes, el médico jefe de aquel ejército.

Por supuesto, Forlenze nunca fue uno de esos cirujanos ambulantes que ofrecían sus servicios de pueblo en pueblo, y tantas veces tenían que salir huyendo al galope por culpa de los resultados de sus intervenciones. Él tenía su prestigiosa consulta en París; lo cual no fue óbice para que, en ocasiones, fuera llamado desde el extranjero para operar, por ejemplo, al cardenal Doria. Carolina de Borbón, duquesa de Berry, italiana como él, esposa y muy pronto viuda del delfín de Francia, una mujer de interesante vida, muy bella, y posiblemente con una afectación de la vista desde su nacimiento que trataba Forlenze, hablaba maravillas del médico.

Buena prueba de su categoría profesional son sus publicaciones, entre las que destacan Considérations sus l'operatión de la pupille artificielle (1805) y Notice sur le développement de la lumière et des sensations dans les aveugles-nés, à la suite de l'operation de la cataracte (1817).

Todo esto ocurría en la Francia que, por méritos propios, ocupaba el primer puesto de la medicina mundial. Era la época de Bichat y Laënnec o Corvisart, que llevarían a la profesión a la senda de nuestra medicina científica actual... la época de grandes cirujanos, como Desault, Dupuytren o Larrey, capaces de realizar operaciones impensables cuando todavía ni la anestesia, ni la asepsia, ni el control de la hemorragia se aplicaban en cirugía. Y Francia, la inteligente Francia, no sólo honró al oculista italiano que el pintor Vallin retrató a los pies del Vesubio, en recuerdo de sus orígenes, concediéndole la Legión de Honor, nombrándole Caballero de la Orden de San Miguel y San Jorge, sino que lo hizo uno de los suyos, haciendo que Giussppe Nicoló Leonardo Biagio Forlenza haya pasado a la historia como Joseph-Nicolas-Blaise Forlenze.

Por la misma época, atravesando la Revolución, el Imperio y la Restauración, otro italiano de nacimiento llegaría a convertirse en uno de los principales músicos de Francia: Luigi Cherubini. Con su Himno a la Victoria acabamos hoy.



2 de diciembre de 2012

Bechterev


Ilya Repin (1844-1930). Retrato del neurofisiólogo y psiquiatra Vladimir M. Bechterev (1913)
Óleo sobre lienzo. 107 x 78 cm.
Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Vladimir Mijailovich Bechterev fue un neurólogo, neurofisiólogo y psiquiatra ruso, que nació en la pequeña localidad de Sorali, entre el río Volga y los montes Urales, el 1 de febrero de 1857, y murió en Moscú el 24 de diciembre de 1927.

Bechterev da nombre, al menos, a once epónimos que han enriquecido la terminología médica (cuyas definiciones se pueden encontrar en este enlace) aunque se le recuerda especialmente por sus investigaciones sobre el papel del hipocampo en la memoria y sus estudios sobre los reflejos y la psicología del condicionamiento, llevados a cabo de manera independiente a los que por entonces realizaba otro gran científico ruso, con el que -según parece- no tenía precisamente una buena relación: Iván Petrovich Pavlov (1849-1936).

A los 16 años de edad, en 1873, ingresó en la Academia Militar de Medicina y Cirugía de San Petersburgo, graduándose en 1878. Comenzó a ejercer en la Clínica Psiquiátrica de esa misma ciudad. En 1881 presentó su Tesis Doctoral que trataba sobre las posibles relaciones entre la temperatura corporal y algunas enfermedades mentales, y fue habilitado como Profesor Asociado de Neurología y Psiquiatría.

Poco tiempo después, salió al extranjero para ampliar su formación con Wilhelm Wundt y Paul E. Flechsig en Leipzig, con Theodor H. Meynert en Viena, con Karl Friedrich Otto Westphal y Emil H. du Bois-Reymond en Berlín, y con Jean M. Charcot en París.

En 1885 regresó a Rusia para hacerse cargo de la Cátedra de Enfermedades Mentales de la Universidad de Kazán, en la que fundó, en 1886, el primer laboratorio de su país para la investigación de la anatomía y la fisiología del sistema nervioso. En 1893 Bechterev sucedió a su maestro, Merzejewsky, como Profesor y Jefe del Departamento de Enfermedades Psíquicas y Nerviosas de la Academia Militar de Medicina y Cirugía de San Petersburgo, la misma donde él había cursado la carrera. En los años siguientes lleva a cabo numerosos estudios clínicos, entre los que destacan los referidos a la espondilitis anquilosante; publica libros, artículos de revistas y funda, en 1896, la primera revista rusa especializada en enfermedades neuropsiquiátricas; y crea, en 1907, asumiendo personalmente todos los gastos, el que más tarde se llamaría Instituto Estatal para el Estudio del Cerebro, del que seguiría siendo director aún después de haber sido forzado a abandonar su puesto como profesor, en 1913, por presiones del Gobierno.

Tras la Revolución Rusa de 1917, San Petersburgo pasó a ser Petrogrado, la Academia Militar de Medicina se transformó en Universidad Estatal de Ciencias Médicas, y Bechterev fue repuesto en todos sus cargos, desempeñando la Cátedra de Psicología y Reflexología de la Universidad de Petrogrado desde 1918 hasta su muerte.

Bechterev había sido la figura principal de la neuropsiquiatría rusa antes de la Revolución, y continuó siéndolo después.

A finales de 1927 Vladimir M. Bechterev contaba 70 años de edad, pero gozaba de buena salud y se hallaba en plena actividad. En esas fechas, por ejemplo, preparaba su participación en un congreso de su especialidad en Moscú. Entonces fue llamado al Kremlim para pasar consulta a Stalin. No habían pasado dos días de esa consulta cuando, repentina e inesperadamente, Bechterev murió. Unos dicen que había diagnosticado a Stalin una "paranoia grave" y así se lo comunicó al dictador. Otros, que cometió la imprudencia de comentar en público ese diagnóstico (lo cual, de ser cierto, habría atentado contra el deber médico de secreto profesional). La verdad no se sabe. Pero, lo que a nadie le cuesta suponer, aunque no se pueda demostrar, es que el tirano soviético mandó asesinar al médico...

Hablando sobre este tema con mi amigo Rafael Tarín, hombre de muy diversos conocimientos y probada inteligencia, me decía -medio en serio, medio en broma- que, sabiendo quien era Stalin, Bechterev realmente "se suicidó"... ¿Qué podía hacer? ¿Cómo iba a negarse a visitar en consulta a un enfermo? Y más concretamente, a ese enfermo. Un paciente, con más o menos facilidad, dependiendo de la organización de cada sistema de salud, puede elegir su médico. La "libre elección de paciente" por parte del médico ni se plantea... Pero éste es otro tema, que no vamos a entrar a debatir ahora.

Una reflexión final. Lo malo es que, más allá de la sospecha, podemos tener la certeza de que, desde el poder, se ha asesinado. Lo peor, que en nuestro mundo actual, bien entrado ya el siglo XXI, no hayamos sido capaces de mejorar lo suficiente para creer que eso no ocurre ni volverá a ocurrir.

No soy capaz de explicar por qué, pero para ilustrar musicalmente esta entrada sobre el psiquiatra ruso ha venido a mi mente la obra de Modest Músorgski, compatriota y contemporáneo suyo. Y, más concretamente, el poema sinfónico Una noche en el Monte Pelado (en la particular versión de Disney, en Fantasía, que acaba con el Ave María de Schubert).



29 de octubre de 2012

Borodin: médico y músico


Ylia Repin (1844-1930). Retrato de Alexander Borodin
Óleo sobre lienzo
Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Repasando el otro día esa joya de blog que se llama "Ars Vitae", me encontré la entrada del 3 de mayo de 2010 en la que compartía con todos sus lectores un enlace a "Clásica2", el increíble portal de música clásica en Internet de Manuel López-Benito, y nos regalaba un vídeo en el que, si bellas son las imágenes que aparecen más lo es, aún, la composición que se puede escuchar, el poema sinfónico de Alexander Borodin: En las estepas de Asia Central.

Escuchando esa música vino a mi memoria el recuerdo de mis tiempos de estudiante en la Facultad de Medicina de Cádiz. ¡Cuántas horas de estudio en las madrugadas gaditanas acompañado, tan solo, por los sonidos que salían de un aparado grabador-reproductor de cintas de "cassette"! Normalmente música tranquila, suave, que no perturbara mi concentración. Todavía no había descubierto el encanto de la música barroca, que luego se convertiría en mi preferida. Oía música de cine; Simon & Garfunkel; Roberto Carlos; Julio Iglesias (sí, también Julio); algo del rock sinfónico de Pink Floyd; la guitarra de Narciso Yepes interpretando el Concierto de Aranjuez; todo Joaquín Rodrigo; Falla; Granados; Turina... Y los rusos... Tchaikovsky, Rimski-Korsakov, Mussorgski, Glazunov, Prokofiev, Stavinski... Borodin.

En aquella época la música era acompañamiento. Hoy es compañera. Entonces me limitaba a escucharla. Ahora, con las facilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías y la curiosidad, cada vez mayor, que me provoca casi todo, enseguida entro en Internet en busca de información. Eso me pasó cuando volví a escuchar esa pieza de Borodin. Y, con la deformación profesional que me caracteriza, un detalle de su biografía, que no conocía, me llamó la atención inmediatamente. Borodin, además de músico, era médico. Un médico que quiso ser químico. Fue químico prestigioso. Profesor de Química dedicado a la docencia y a la investigación. Y fue también un hombre metódico y tranquilo, según aparenta en el retrato que pintó Repin.

Deliberadamente no voy a tratar aquí sobre la obra musical de Borodin. No estoy capacitado para ello. Eso lo puede hacer mi querido amigo en la blogosfera, el Dr. José Manuel Brea, en su "Medicina y Melodía". Él si que es un médico que sabe de música. Yo simplemente trazaré algunas pinceladas biográficas del músico que estudió medicina y ejerció de químico.

Alexander Porfirievich Borodin nació en San Petersburgo, el 12 de noviembre de 1833.* Era hijo ilegítimo del príncipe Luka Stepanovich Gedevanishvili (algunos autores lo nombran, más fácilmente, como Lucas Gedianov), descendiente de los reyes de Imericia (la Cólquida de los griegos, donde se encontraba el vellocino de oro) un reino independiente de Georgia al sur del Cáucaso, entre los mares Negro y Caspio. Su madre se llamaba Eudoxia Konstantinova Antonova, pero la conocían como Dounia: "una mujer hermosa, culta y con independencia económica." Cuando Alexander nació, su padre tenía 65 años. La madre, no más de 24 o 25. El padre y la madre de Borodin no estaban casados. Para guardar las apariencias el niño fue registrado como hijo de uno de los sirvientes de su padre, Porfirio Borodin, que le dio su apellido, lo cual -al parecer- no era algo infrecuente en la Rusia de la época. De hecho, el príncipe debía ser un conquistador irresistible, y a Borodin se le conocen, al menos, dos hermanos de padre con distintas madres, que también llevaban los apellidos de sendos sirvientes del noble conquistador: Dimitri Sergueïevitch Alexandrov y Eugueny Fiodorovitch Fiodorov. El Príncipe murió cuando Alexander era todavía muy niño; pero le dejó a su hijo una sustanciosa herencia que le permitió vivir sin dificultades económicas. Y Dounia, que contraería matrimonio con un médico militar retirado -aunque, al parecer, nunca dejó de mantener una "íntima amistad" con el padre biológico de Borodin- se ocupó de que recibiera la mejor educación.

Ya de niño, Borodin dio muestras de su gran inteligencia y de estar especialmente dotado para los idiomas (además de su idioma natal, hablaba francés, alemán, inglés e italiano) y para la música. Según Garritz Ruiz: "No sólo aprendió a tocar el piano, sino que también ejecutaba con maestría la flauta y el violonchelo, y aunque no con envidiable disposición también tocaba el oboe y el clarinete, al igual que varios metales." A la edad de 9 años ya compuso su primera pieza, una polka titulada "Helene", y a los 13 había compuesto un concierto para flauta y piano, así como un trío para dos violines y chelo. Muy pronto, también, manifestó su interés por la química. A los 13 años montó un laboratorio en su casa donde fabricaba colorantes para acuarelas.

En 1850 ingresó como alumno en la Academía Médico-Quirúrgica, una institución militar, de su ciudad natal. Durante su época de estudiante no dejó de manifestar su especial predilección por la Química (que en aquellos tiempos era materia destacada en las facultades de Medicina) siendo su maestro más importante el profesor Nikolai Zinin (1812-1880), uno de los pioneros de la química orgánica, cuya influencia sería decisiva en la carrera profesional de Borodin. Se graduó como médico en 1856, recibiendo la máxima calificación posible "cum eximia laude". Inmediatamente fue destinado al 2º Hospital Militar, donde inició su ejercicio profesional como médico-cirujano. Allí conoció a un joven y elegante oficial, de familia noble, llamado Modest Petrovich Mussorgsky (1839-1881), compositor de enorme talento musical, aunque su amistad -que duró hasta la muerte de éste- no empezaría, realmente, hasta algunos años después.

Está comprobado que su experiencia como cirujano no le resultó agradable, y no por la naturaleza de su trabajo -como cabría suponer- sino por la brutalidad que, allí mismo en el Hospital, utilizaban los jefes y oficiales para imponer disciplina, utilizando el látigo sin justificación posible. Borodin se dedicó a completar su tesis doctoral. La vocación por la química ya estaba definida y el profesor Zinin lo preparaba para que fuera su ayudante en la Academia Médico-Quirúrgica Militar. En 1858 presentó su tesis doctoral "Sobre la analogía entre los ácidos arsénico y fosfórico". Posteriormente, entre los años 1859 y 1862, estuvo en Alemania, Francia e Italia ampliando su formación. Primero en la celebérrima Universidad de Heidelberg, en los laboratorios de Kirchoff, Bunsen, Kekulé y Erlenmeyer. Allí le acompañaron otros estudiantes rusos, entre ellos Dmitri Mendeléiev (1834-1907), el creador de esa famosa "Tabla periódica de los elementos" que tantos tuvimos que memorizar. Luego en París y en Pisa.

En 1861 conoció a una pianista rusa de 29 años: Ekaterina Sergeievna Protopopova, que había llegado a Heidelberg en busca de curación para la tuberculosis que padecía. Para el mejor tratamiento de la enfermedad de Ekaterina, le recomendaron que acudiera a Pisa, donde viajó acompañada por su -ya entonces- prometido; el cual, continuó sus estudios en los laboratorios de Luca y Tassinari. Vuelven a San Petersburgo en 1862, Borodin recibe el nombramiento de profesor adjunto de Química; y en abril de 1863 los novios contraen matrimonio que -al decir de quienes le conocieron- resultó muy afortunado a pesar de la enfermedad de Ekaterina y su infertilidad. Al cumplirse el vigésimo aniversario de bodas Borodin compone el "Cuarteto para cuerdas Nº 2", que dedicó a su esposa. Había tardado seis años en componerlo.

Borodin y su esposa tomaron como residencia un apartamento al lado del Laboratorio, en plena Universidad. Rimsky-Korsakoff escribe sobre esta época:

"Me volví un frecuente visitante de Borodin; a menudo quedándome hasta la noche en su casa. Discutíamos sobre música a profundidad y él tocaba sus trabajos en curso y también me mostraba los compases de su sinfonía. Él estaba mejor informado que yo del trabajo práctico de la orquestación, dado que tocaba el chelo, el oboe y la flauta. Borodin era un hombre culto y cordial, era placentero y agudo conversar con él. Al visitarlo, a menudo lo encontraba en su laboratorio, adjunto a su departamento. Cuando ponía una retorta llena con algún líquido incoloro y lo destilaba por medio del fuego de un vaso a otro, yo acostumbraba a decirle que estaba haciendo 'una transfusión de desolación en vacuidad'."

Como ejemplos de sus trabajos como químico, algunos de ellos aplicados a la clínica, se puede decir que Borodin descubrió el aldol casi simultáneamente con Wurtz, estudió los aldehidos aromáticos, el uso del peróxido de hidrógeno (el agua oxigenada) como desinfectante e inventó un método para la detección de la urea en los análisis de orina. Llegó a publicar 42 artículos científicos. En 1861, asistió al primer congreso internacional de química, celebrado en Karlsruhe (Alemania) y fue uno de los fundadores de la Sociedad Rusa de Química en 1868.

Borodin resultó ser un profesor con enorme vocación docente, siempre atento a las consultas de sus alumnos. Raras veces mostraba impaciencia. Siempre antepuso la atención a los alumnos a todo lo demás, incluso a la investigación; aunque dedicaba a ésta muchas horas al día. Otro profesor de la Academia, decía de él lo siguiente:

"Trabajaba infatigablemente con los estudiantes todos los días. Durante este tiempo Borodin siempre mantenía una disposición solícita y de buen humor con sus alumnos y colegas, estaba siempre dispuesto a interrumpir cualquiera de sus trabajos sin impaciencia, sin irritación, para responder cualquier pregunta que le hiciesen. Cuando trabajaba en el laboratorio se sentía como si estuviera en su hogar. Lo que más adoraba era la música. Cuando trabajaba, casi siempre estaba canturreando alguna cosa y siempre estaba dispuesto a hablar con otras personas sobre las novedades musicales, las tendencias y sobre composición musical. Cuando estaba en su despacho, frecuentemente oíamos el sonido armonioso de su piano, que se expandía por todo el pasillo del laboratorio. El buen humor y la actitud de Borodin nos afectaba a todos. Cualquiera podía ir a contarle sus ideas, preguntas u opiniones; nunca trataba a nadie con arrogancia o desdén. Raramente alguien conseguía provocar alguna demostración de irritación en Borodin. La actitud sincera y calurosa de Borodin con los estudiantes no se restringía al laboratorio. Casi todos los que trabajábamos con él éramos aceptados en su familia como los amigos más íntimos. Se preocupaba personalmente del destino de cada estudiante que se graduaba en la Academia, destinando todos sus esfuerzos para ayudarlo. Siempre que te lo encontrabas en algún acto social no paraba de preguntar por todo el mundo o intentaba conseguir alguna cosa para alguien."

Sin embargo, como parte de su labor docente, hay que destacar especialmente (y más por la época y en el lugar donde se produjo) su significativa participación en la creación de una Escuela de Medicina para mujeres. Borodin, en unión de Botkin (el primero en describir la hepatitis A), Sechenov, Roudineff y una aristócrata, Mme. Tarnosky, iniciaron la Escuela como Curso de Obstericia que, en 1872, pasó a ser Escuela de Medicina donde Borodin era, como es natural, el profesor de química. Dado que el Hospital Militar de San Petersburgo fue la primera sede de la Escuela, en algunas biografías de Borodin se dice que fundó una escuela médico militar de mujeres; aunque no fuera así. La Escuela soportó múltiples dificultades, sobre todo desde que accedió al trono el zar Alejandro III. Borodin consiguió que dejara de depender del Ministerio de la Guerra y pasara al de Educación; pero no pudo impedir que, finalmente, fuese clausurada en 1885.

Fue, precisamente, gracias a su labor como profesor de química por lo que Borodin conocería a quien sería el mayor difusor de su obra en Europa, el compositor Franz Liszt (1811-1886). Ocurrió en 1877, en el transcurso de un viaje de Borodin a la localidad de Weimar, entre otras de Alemania, para visitar los laboratorios de distintos hospitales. Volvieron a encontrarse en 1881 y 1885, y se cuenta que -en una de esas ocasiones- se desarrolló el siguiente diálogo. "Yo soy un compositor de domingos, señor Lizt" -decía Borodin, refiriéndose a que sólo se dedicaba a componer en su tiempo libre"- y el músico húngaro le contestó: "Pero el domingo siempre es un día festivo, señor Borodin".

Otro ejemplo de que sólo podía dedicar a la composición el tiempo en que no estaba trabajando en sus clases o en su laboratorio lo encontramos en el siguiente texto, que escribió una vez que tuvo que quedarse en casa enfermo de gripe:

"En el invierno yo no puedo componer, a menos de que esté enfermo y me vea obligado a abandonar mis clases. Así que, mis amigos, contrario a la costumbre, nunca me digan 'trata de estar bien' sino más bien 'trata de enfermarte'. Cuando la cabeza me explota, cuando mis ojos están llenos de lágrimas y tengo que sacar el pañuelo a cada minuto, es entonces cuando compongo."

Musicalmente, en principio, Borodin fue autodidacta. Sólo a partir de 1862 comenzó a recibir clases de Balákirev. Con él, Rimsky-KorsakoffMussorgskyCui y -por supuesto- Borodin, se formaría el llamado Grupo de los Cinco, cuyo objetivo era crear un arte musical nacional y que tanta fama le ha dado a la música rusa; aunque, ciertamente, también contó con la oposición de muchos...

Dos años antes de morir, Borodin, se contagió de cólera, y quedó muy debilitado. En 1886 se le diagnosticó angina de pecho. El 27 de febrero de 1887*, mientras se celebraba un baile de disfraces en la Academia de Medicina, del cual había sido uno de sus principales organizadores, sufrió un infarto de miocardio. Nada pudo hacerse por salvar su vida a pesar de los intensos esfuerzos de muchos médicos que se encontraban allí.

Borodin se encuentra enterrado en el cementerio Tijvin del monasterio Alexander Nevsky, en San Petersburgo, cerca de la tumba de otros grandes músicos y escritores rusos.

Una de las revista médicas más importantes del mundo (que aún sigue publicándose), The Lancet, en su editorial del 19 de marzo de 1887 informó sobre su muerte. En los últimos renglones señalaba: "...a pesar de su arduo trabajo profesional y de laboratorio el profesor Borodin encontró tiempo para cultivar el arte y la ciencia de la música a los que fue muy adepto. De él se dice haber prestado un valioso servicio a la causa de la música rusa".


Sus estudiantes mujeres le dedicaron el párrafo siguiente en el monumento que se le erigió en su tumba:

"Al fundador, defensor y guardián de las clases de medicina para mujeres y al amigo de sus alumnos."

Según Gonzalo Castellón:

"La reducida producción musical de Borodin alcanza su clímax en su ópera Knyas Igor (El príncipe Igor) y, particularmente, en las archifamosas danzas de los pólovtsy o danzas polovtzianas. No existe un episodio de ancestro más nacionalista que esta imborrable mezcla de ritmos, sonidos y sensualidad, que tan pronto llama a la guerra como a la paz. Su desenvolvimiento es literalmente vertiginoso e involucra coro, orquesta y solistas por igual. Borodin amó particularmente esta ópera, que fue su particular legado y a la que dedicó largos veinte años. [De hecho, falleció sin concluirla y fueron Rimsky-Korsakoff y Glazunov quienes tuvieron que terminarla].

El príncipe Igor es el equivalente ruso del Mio Cid o de la Chanson de Roland pues la anónima obra literaria -El canto del príncipe Igor- reúne las características básicas de la canción de gesta. El príncipe Igor es prisionero del Khan Konchack, jefe de la tribu de los Polovtsy, que ha reconocido su rango real. Al propio tiempo, su hijo -el príncipe Vladimir- se ha enamorado de Kontchakovna, hija del jefe tártaro.

Sin embargo, cuando al campamento tártaro llegan las noticias de que Poltiole, su ciudad, ha sido saqueada, el Príncipe no duda ya y se escapa, abandonando a su hijo, quien, mientras tanto, ha decidido casarse con Kontchakovna. Entre grandes manifestaciones de regocijo del pueblo, el príncipe Igor entra en Poltiole y se reúne con su amada princesa Yaroslávna.

El príncipe Igor es tal vez la obra más nacionalista de las producidas por el Moguchaya Kuchka ["El Gran Puñado", la forma en que el crítico Stasov llamó al "Grupo de los Cinco]. Si bien su lenguaje musical es dialéctico, Borodin mantiene una línea particularmente propia, de gran riqueza melódica. Para retratar las figuras orientales o tártaras, el compositor echa mano al tradicional recurso del cromatismo (intervalos basados en la escala cromática) que dotan a la melodía de un carácter lejano y enigmático."

La versión que podemos ver ahora está grabada en el teatro Mikhailovsky y dirigida por Stanislav Kochanovsky.




*Al nacer Borodin seguía vigente en Rusia el calendario juliano que para 1582, cuando Gregorio XIII implantó el nuevo, llevaba un retraso de diez días y para 1833 iba doce días atrás, así que la fecha de nacimiento de Borodin (31 de octubre de 1833) fue en realidad el 12 de noviembre. Lo mismo ocurre respecto a la fecha de la muerte, que algunos apuntan como 14 de febrero, siendo, en realidad, el 27 de febrero de 1887.


Bibliografía

CASTELLÓN, G. (2009): "Borodin, o la historia de una pasión". [InternetÁncora - nacion.com. [Consultado el 13 de mayo de 2010].
GARRITZ RUIZ, A. (2001): "Alexander Borodin: el músico químico". [InternetEducación Química12,4:190-192.[Consultado el 11 de mayo de 2010].
KUMATE, J. (2004): Alexander P. Borodin; compositor musical multifacético. En: MEMORIAS de El Colegio Nacional, México:213-229.
O'NEILL, D. (1988): "...aber Sonntag ist immer ein Feiertag: Alexander Borodin, MD, 1833-1887". JRSM81:591-593.
RAÚL (2009): "El ruso que componía en un laboratorio". [Internet]. En: "Una noche en la Ópera" [Foro]. [Consultado el 13 de mayo de 2010].
VIK, T. (1998): ["Alexander Borodin - physician, chemist, scientist, teacher and composer"]. [Sólo el abstract]. [Internet]. Tidsskr. Nor. Laegeforen118,30:4.693-4.696. [Consultado el 10 de mayo de 2010].


**La primera versión de esta entrada se publicó en Tiempo para la memoria el 15 de mayo de 2010.

21 de agosto de 2012

Robert, el otro Darwin


Walter William Ouless (1848-1933). Robert W. Darwin (1766-1848),
Charles Darwin's Father

Óleo sobre lienzo. 97,5 x 78,8 cm.
Shrewsbury Museum and Art Gallery

Su padre llegó a ser bastante famoso en su época. Médico, filósofo natural y poeta -entre otras cosas- Erasmus Darwin (1731-1802) era un hombre de intereses y conocimientos diversos que, incluso, se anticiparía  a su célebre nieto en el planteamiento de las teorías evolucionistas. El nieto de Erasmus fue más famoso todavía que su abuelo y lo sigue siendo, tanto que Charles Darwin (1809-1882) no necesita presentación. Sin embargo, al contrario que su padre y que su ilustre hijo, Robert Darwin (1766-1848) llevó una existencia tan "normal" que, posiblemente, la historia se habría olvidado de él si no fuere por su padre y, sobre todo, por su hijo.

No es mucho lo que se puede decir de Robert Darwin: que por deseo de su padre estudió Medicina en la Universidad de Edimburgo; que amplió su formación, también por decisión paterna en la prestigiosa Universidad de Leiden, en Holanda; y que de regreso a Inglaterra ejerció con éxito su profesión en la apacible ciudad de Shrewsbury, cerca de Gales; aunque ya desde muy joven, con fecha 21 de febrero de 1788, había sido elegido miembro de la Royal Society de Londres.


Respecto a la relación con su hijo Charles, se sabe que -como corresponde a un buen padre- se opuso públicamente a que se embarcara en la aventura del Beagle; aunque finalmente le convencieron para que diera su consentimiento.

Curiosamente, lo que no suele faltar en las escasas referencias biográficas de Robert Darwin son las anécdotas relativas a su gran corpulencia física, la cual se puede apreciar en este retrato. Dicen que pesaba más de ciento cincuenta kilos, que solía pedir a su cochero que probara los tablones de las casas que visitaba por motivos profesionales, o que se había hecho construir una escalera de piedra, en su propio domicilio, para poder subir con más comodidad al carruaje.

Precisamente, buscando información sobre Charles Darwin encontré esta imagen de Robert, su padre, y con ella surgió el deseo de dedicarle un sencillo recuerdo a este otro Darwin; de quien quizás nunca hubiéramos hablado por ser médico, sino por ser el hijo de Erasmus y el padre de Charles...


*La primera versión de esta entrada se publicó en el blog Medicina, Historia y Arte el 14 de agosto de 2012.

24 de junio de 2012

Pavlov leyendo


Mijaíl Nésterov (1862-1942). Retrato de Iván Pavlov (1930)
Óleo sobre lienzo
Museo Ruso. San Petersburgo

Así retrató Mijaíl Nésterov a su amigo Iván Petróvich Pavlov (1849-1936), el investigador de los reflejos condicionados en perros, cuyos trabajos dieron origen al desarrollo de técnicas psicológicas como el conductismo. Era en 1930, Pavlov tenía 81 años de edad, y estaba leyendo plácidamente sus libros de Medicina.

¡De mayor quiero ser como Pavlov!

11 de junio de 2012

El retrato del Dr. Washington Epss, pintado por Sir Lawrence Alma-Tadema

Lawrence Alma-Tadema (1836.1912). Dr. Washington Epps, My Doctor (1885)
Óleo sobre lienzo. 64 x 51 cm.
(C) Carnegie Museum of Art, Pittsburg


Sir Lawrence Alma-Tadema se le conoce, principalmente, por sus "pinturas de toga" donde recrea con su peculiar visión romántica la vida de la antigua Roma. Mucho menos conocidos son sus retratos, los cuales generalmente nos muestran a miembros de su familia o amigos íntimos. Uno de esos retratos es éste del Dr. Epps, a quien llama "su médico", pero que también es su cuñado, hermano de su segunda esposa, Laura, con la que había contraído matrimonio en 1871, después de haberse quedado viudo y con dos hijas, Laurence (que llegaría a ser una afamada escritora) y Anna, al morir la primera esposa, Marie-Pauline, en 1869, 

En el retrato se muestra al Dr. Epps tomando el pulso a su paciente con cara de intensa concentración. Del paciente o de la paciente poco se ve; sólo parte de sus pálidas y demacradas manos -que algunos atribuyen al estado terminal en que podría encontrarse- sobre el blanco de las sábanas. Nuestra atención se centra en las manos del médico: su mano izquierda, la que toma el pulso a la vez que transmite calor humano al ser que sufre, mientras con la derecha sujeta el reloj que sirve para contar los latidos cardíacos y símbolo, quizás, de la vida que inevitablemente se acaba. Es posible que el doctor no pueda curar a esa persona, ni siquiera aliviar su dolor, pero el contacto físico de la mano del médico con la de su paciente sirve, sin duda, para transmitirle consuelo.

15 de abril de 2012

Los médicos de Rockwell: "Doctor and Doll" (1929)


Norman Rockwell (1874-1978). Doctor and Doll (1929)

Hasta ahora sólo había publicado en este blog imágenes -fueran reales o no- de médicos conocidos, médicos con nombres y apellidos podríamos decir. Pero existen multitud de representaciones gráficas que nos ofrecen retratos de médicos anónimos, retratos que no podemos clasificar más que por el nombre del artista, pintor, ilustrador, escultor, dibujante... que los creó.

Uno de esos artistas es el ilustrador norteamericano Norman Rockwell (1874-1928). Rockwell trabajo para grandes compañías de los Estados Unidos, como Coca Cola, por ejemplo, o dio su carácter distintivo a ese anciano con marcado sobrepeso, larga barba blanca, perpetuamente risueño y que siempre viste de rojo, el "rojo Rockwell"... Ya sabes a quien me refiero (aunque yo, por mucho que me guste Rockwell, sigo siendo partidario de los Reyes Magos). También trabajó para grandes multinacionales farmecéuticas (cosa que le han criticado mucho, injustamente), y para la revista The Saturday Evening Post. Fue en esta última, durante los largos años de relación que la revista y el artista mantuvieron, donde publicó en sus portadas gran parte de las obras que hacen que nos interese tanto: sus ilustraciones médicas.

Seguramente, la mayoría de los visitantes asiduos de RETRATOS DE MÉDICOS conocen las ilustraciones que me propongo reproducir es estos próximos días. No obstante lo haré, y ya tengo preparadas varias, por si una sola persona no las hubiera visto aún.

Para empezar, podemos ver hoy una de sus múltiples versiones de Doctor and Doll, publicada en la portada de The Saturday Evening Post, el 9 de marzo de 1929. 

La escena se desarrolla, sin duda, en la consulta del médico, que Rockwell representa fundamentalmente con los numerosos libros, el título que le autoriza para el ejercicio profesional, y el cuadro (del que sólo se ve una parte) de una de esas "lecciones de anatomía holandesas", del siglo XVII... Pero no deje de fijarse, sobre todo, en la actitud de los protagonistas: la niña y el médico. La niña, bien abrigadita porque debía hacer mucho frío afuera, en la calle, entrega confiada su muñeco "enfermo" al viejo médico, seguramente el médico de su familia desde hace tiempo, a quien conoce desde que nació. El médico, vestido conforme a los modos de la época, acaba de sacar su fonendospio del cabás entreabierto que está a su lado, en el suelo, y se dispone a auscultar con el mayor cuidado al muñeco de la niña. En ese momento nada habría más importante para ella. Y el viejo médico de mentalidad paternalista lo sabe bien...


Seguro que la "enfermedad" del muñeco se resuelve pronto y todos, contentos, lo celebran bailando uno de los ritmos de moda entonces: el Charleston.



6 de abril de 2012

¿Qué fue de Desgenettes tras su discusión con Napoleón en Egipto?


Carle Vernet (1758-1835). Baron Rene Nicolas Dufriche - Desgenettes (1828)
Óleo sobre lienzo
Musée Val-de-Grâce. París

En la entrada anterior de este blog y en otra de Medicina y Arte hemos hablado ya de Desgenettes, el médico jefe del ejército de Napoleón en Egipto y Siria. Vimos como la estrecha relación que había entre ambos parecía haber terminado mal, por negarse el médico a acabar con la vida de los enfermos -tal como Napoleón proponía, para facilitar la evacuación de las tropas de Jaffa- en cumplimiento de su compromiso ético profesional.

Pero, ¿qué sucedió con Desgenettes cuando regresó a Francia? ¿Tuvo alguna repercusión en su carrera profesional haber mantenido ante Bonaparte su firme actitud de defensa de la vida? Pues, la verdad es que no. Es posible, incluso, que Napoleón le admirase todavía más por eso. Y, lo cierto, es que Desgenettes siguió ejerciendo sus actividades profesionales tanto en el ejército como en la vida civil, y continuó desempeñando cargos de la mayor responsabilidad.

De forma muy breve, enumeraremos a continuación algunos de los aspectos más destacados de la biografía de Desgenettes, desde que volvió de Egipto hasta su muerte:

  • A su regreso a Francia fue nombrado Jefe del Hospital Militar de Estrasburgo, donde se formaban los futuros oficiales médicos del Ejército.
  • Fue Profesor de Higiene de la Facultad de Medicina de París y médico del Hospital de Val-de-Grâce.
  • Se le hizo miembro de las Sociedades de Medicina de Marsella y Montpellier, el mismo año que publicó su Histoire médicale de l'armée d'Orient (1802), obra que recibió una extraordinaria acogida por parte de sus compañeros de profesión.
  • Se le concedió la Legión de Honor.
  • Se le nombró Inspector General del Servicio de Sanidad del Ejército.
  • Participó en las comisiones de investigación de enfermedades epidémicas en Italia y España (fiebre amarilla).
  • Como Jefe de los Servicios Médicos del Ejército francés participó en las batallas de Eylau, Friedland y Wagram.
  • Acompañó a Napoleón, por deseo expreso de éste, en su viaje a España, el año 1808.
  • Fue nombrado Caballero del Imperio en 1809 y Barón en 1810.
  • Participó en la Campaña de Rusia, donde fue hecho prisionero en Vilnius el 10 de diciembre de 1812. Sin embargo, el zar Alejandro III lo liberó enseguida, en reconocimiento a la atención que les había prestado a los soldados rusos heridos, y lo devolvió al ejército francés acompañado por una escolta de su guardia personal de cosacos.
  • Una vez más, como Jefe de los Servicios Médicos del Ejército, participó en la Campaña de Alemania, donde también fue hecho prisionero y liberado en cuanto se supo su nombre.
  • Siguió al lado de Napoleón, como Jefe Médico de su Ejército, en la batalla de Waterloo.
  • Luis XVIII lo confirmó en todos sus puestos, militares y docentes.
  • Finalmente, fue nombrado jefe médico del Hospital de Les Invalides.


En definitiva, René-Nicolas Dufriche, el barón Desgenettes, fue un médico militar y profesor que se ganó el respeto de cuantos le conocieron, como profesional y como persona.

El retrato que da inicio a esta entrada, pintado por Vernet en 1828, cuando Desgenettes tenía 66 años de edad, nos lo muestra con algo de sobrepeso -eso sí- pero con su uniforme de médico militar y sus medallas en lo que parece ser un campamento militar. Estaba aún plenamente activo y así sería hasta 1834, cuando un accidente cerebrovascular lo dejó prácticamente impedido. Murió en París, el 3 de febrero de 1837, con 74 años de edad.


8 de febrero de 2012

René-Nicolas Dufriche (1762-1837), más conocido como Desgenettes, el médico jefe del ejército de Napoleón en Egipto


Antoine François Callet (1741-1823). René-Nicolas Dufriche, Baron Desgenettes (1762-1837)
Óleo sobre lienzo. 64 x 53 cm.
Musée National des Cháteaux de Versailles et de Trianon
Imágen: Joconde

Los grandes hombres se distinguen por saber rodearse de los mejores colaboradores. Los mediocres hacen lo contrario. Napoleón Bonaparte era uno de esos grandes hombres, sin duda, como prueba la categoría de sus médicos: tanto la de su médico personal, Corvisart, como la de los jefes de su Sanidad Militar, entre los que se encontraban, por ejemplo, Larrey, Percy, o Desgenettes.

René-Nicolas Dufriche nació el 23 de mayo de 1762 en Alençon, una ciudad de Normandía, que se encuentra a 180 kilómetros al oeste de París. Desgenettes -como habitualmente se le conocía- proviene de un topónimo "Les Genettes", que era el nombre de unas tierras propiedad de su familia.


Al niño René-Nicolas le atraían las Ciencias Naturales. Por eso, seguramente, decidió estudiar Medicina en París. Allí tuvo como primer maestro a Félix Vicq d'Azyr, renombrado anatomista (se le considera el fundador de la Anatomía Comparada), secretario perpetuo de la Société Royale de Médecine, y médico de María Antonieta. Pero el joven Desgenettes fue un antecesor aventajado de los actuales "Erasmus" porque, en 1784, viajó a Londres para recibir las enseñanzas del gran anatomista y cirujano escocés John Hunter. Volvió a París, donde continuó formándose con Desbois de Rochefort y Alexis Boyer, entre otros. Finalmente, marchó a Italia y allí permaneció durante cerca de cuatro años, estudiando en Florencia, Siena, Roma y Nápoles. En 1789, el año que él cumplía los 27, regresó a Francia, a Montpellier, para leer su tesis sobre "La physiologie des vaisseaux lymphatiques", ocho días antes de que se prendiera la mecha de la Revolución con la Toma de la Bastilla.


Tras pasar un tiempo en Montpellier, en 1791, volvió a París. No eran buenos tiempos para ejercer la profesión en la capital, así que, por consejo de su maestro, Vicq d'Azyr, Desgenettes se alistó en el ejército. Pronto, por su conocimiento del idioma, fue destinado a Italia, donde destacaría tanto como clínico como por sus dotes de organización. Allí en Italia, precisamente, conoció a un joven capitán de artillería llamado Napoleón Bonaparte, que quedó gratamente impresionado por la inteligencia y cultura del médico Desgenettes.


Desgenettes fue ascendiendo rápidamente puestos en el escalafón militar en reconocimiento a la eficacia con que desempeñaba las misiones que se le encomendaban. Por eso, y por la favorable impresión que le produjo cuando le conoció, no es extraño que Napoleón le nombrara médico jefe de la Expedición a Egipto y Siria, en 1798.


En Egipto, Desgenettes impuso rigurosas medidas higiénicas, a la luz de los conocimientos de la época, para intentar prevenir las enfermedades que afectaban a las tropas: ordenó el baño regular de los soldados, la limpieza de la vestimenta, la desinfección de los locales, el control de los alimentos... Y, a pesar de todo, él y sus médicos tuvieron que combatir contra la viruela, el escorbuto, la "fiebre de Damiette", la conjuntivitis aguda, la disentería o la peste. Precisamente, a causa de una epidemia de esta última enfermedad, llegaría a hacerse famoso el enfrentamiento que Desgenettes mantuvo con Napoleón, al que dedicaremos la próxima entrada en el blog Medicina y Arte.


No estoy capacitado para valorar los resultados de esa campaña desde el punto de vista militar. Sí, para coincidir con el general Franceschi cuando dice:


"Pero lo que distingue a esta operación militar de toda otra, es su dimensión cultural y científica que pocos historiadores ponen de relieve. En efecto, Napoleón insistió ante el Directorio para que la expedición tuviese también como objeto el 'progreso de las Luces y el desarrollo de las Ciencias y de las Artes'. Se le miró con sorpresa, pero no se estuvo opuesto al designio. Es sin duda este aspecto particular del asunto lo que hizo escribir a Thiers, no obstante poco tierno para con él: 'En toda su prodigiosa carrera, Napoleón no imaginó nada más grande ni más hermoso'."(1)


Diversas aproximaciones a esa importante expedición científica se pueden encontrar en los textos de David Soriano, Flora Devesa Barral, Horacio Capel, Wikipedia, o La Revista de El Mundo.

Sin embargo, desde el punto de vista médico, el fruto más importante de aquella aventura napoleónica fue la publicación, en 1802, del libro Histoire Médicale de l'Armée d'Orient, con textos del propio Desgenettes, que fue su director, y de algunos de los médicos que trabajaron a sus órdenes, como Bruant, Carrié, Cérésole, Barbés, Renati, Savaresi, Vautier, Frank o Salze.

Quizás pueda hablar, más adelante de aquella expedición científica a Egipto, o de esa Historia Médica del Ejército de Oriente. Desde luego, habrá que volver a tratar en este blog sobre René-Nicolás Dufriche, barón Desgenettes. Todavía queda mucho por contar de él. De momento, volvemos al retrato que pintó Callet, cuya fecha exacta de realización no conocemos; pero que muestra a Desgenettes, cuando tenía 36 o 37 años de edad, con su uniforme de médico jefe del Ejército de Napoleón en Egipto, destacando sobre el pecho el símbolo de la profesión: la serpiente enrollada sobre el bastón de Esculapio. Al fondo, las pirámides de Guiza y hasta tres esbeltas palmeras (las cuales, evidentemente, no habían sido atacadas por el ya tristemente famoso picudo rojo, que tanto daño está causando actualmente donde vivo yo).


Para terminar con música, como me gusta, podría haber traído aquí ese himno de todos conocido, compuesto por un ingeniero militar, que llegó a París cantado por las tropas de voluntarios de Marsella y Montpellier mandadas por un joven oficial -médico, por cierto- llamado François Mireur, futuro general en el Ejército de Egipto; o por la música de la Revolución, representada por autores tan famosos como el italiano Luigi Cherubini, que se sentía tan a gusto en la Francia revolucionaria como en la imperial o la restaurada, o Étienne Méhul, el principal músico francés de la época. Pero, habiendo hablado en esta entrada de Italia y Egipto, no he podido evitar acabar así: 





NOTAS
(1) FRANCESCHI, Michel (2006): "Bonaparte en Egipto o la sublime vacilación de la historia". Instituto Napoleónico México-Francia. [Disponible en: http://inmf.org/efranegypte.htm; consultado el 6 de febrero de 2012].

7 de enero de 2012

Dos retratos más del Dr. Gachet, uno pintado por su hijo y otro por Émile Bernard


Louis van Ryssel (1873-1962). Portrait du docteur Gachet écrivant (1903)
Acuarela y lápices de colores. 64 x 48,5 cm.
(C) RMN (Musée d'Orsay / Jean Gilles Berizzi)

No pensaba volver a referirme al doctor Gachet tan pronto, pero sigo buscando información sobre su vida y su obra, y acabo de encontrarme con dos retratos que he querido compartir enseguida con los lectores de este blog.


La principal peculiaridad del primero de ellos, el que acabamos de ver, es que fue pintado por el hijo del Dr. Gachet, Louis-Paul Gachet (1873-1962), que no sólo llevaba el apellido real de su padre, sino que firmaba sus obras con el seudónimo Louis van Ryssel, igual que el Dr. Gachet, también pintor, lo hacía con el de Paul van Ryssel. En el cuadro, pintado con acuarelas y lápices de colores en 1903, cuando nuestro médico amigo de artistas rondaba los setenta y cinco años de edad, vemos al Dr. Gachet escribiendo -al parecer en un momento de reflexión- con la pluma ligeramente levantada sobre el papel, en la mano derecha, mientras que apoya la izquierda encima de una calavera. Al fondo, bajo la fecha de realización del cuadro en números romanos, sólo se ve una pequeña escultura que representa una figura humana, que tanto podía valer al médico como al pintor; aunque Paul Ferdinand Gachet, como pintor, no destacó especialmente en el dibujo de la figura humana, puesto que la mayoría de sus obras fueron paisajes o bodegones. Y cuando pinta personas, sus imágenes aparecen difuminadas, sin una clara forma anatómica. Pero es el rostro del viejo doctor el que más me llama la atención. Sigue siendo el mismo que retrató Van Gogh trece años antes, con sus ojos claros y caídos, su nariz aguileña y esa perilla y ese bigote tan característicos, pelirrojos (seguramente teñidos) como el cabello, igual que lo pintó Van Gogh. Incluso lleva una gorra, que no sabemos si era la misma que llevaba en los retratos del holandés. Una gorra que según leo, se encuentra en el Museo de Orsay (aunque yo no la he visto allí).


El otro retrato es obra de Émile Bernard (1868-1941). Sorprende que se trate de un homenaje póstumo, realizado diecisiete años después de la muerte del retratado. El pintor, que sin duda lo conoció en vida, escribió en el reverso la siguiente dedicatoria: "à mon ami et compatriote Paul Gachet, Émile Bernard 1926". 

Émile Bernard (1868-1941). Paul Gachet (1926)
Óleo sobre lienzo. 40 x 32 cm.
Musée d'Orsay. París
(C) photo musée d'Orsay / rmn

2 de enero de 2012

El Dr. Gachet pintado por Détrez, Gautier, Léandre, Van Gogh y Goeneutte, más algunas fotografías suyas.


Hace más tiempo del que debería, el pasado 20 de octubre de 2011, mi amigo de Nicaragua, el Dr. Juan Herrera Salazar, me propuso una cuestión interesante: ¿Cómo fue la relación médico-enfermo entre el Dr. Gachet y Vincent van Gogh, paternalista o benevolente? Todo un reto porque, como le decía entonces, nunca había estudiado a fondo la biografía del pintor y de Gachet sólo conocía los dos retratos más famosos que van Gogh le hizo. Así que, a ratos, cuando podía, empecé a buscar la mayor y mejor información posible sobre ambos. Y todavía estoy en ello... Se trata de un tema apasionante pero controvertido, y la bibliografía que he localizado, en su mayor parte, se encuentra en idiomas que desconozco, sobre todo -lógicamente- en francés, aunque con ayuda la voy traduciendo poco a poco. No puedo, por tanto, responder todavía a la pregunta de mi amigo; pero quiero que el Dr. Herrera Salazar sepa que no me olvido del reto y, en cuanto sea posible, publicaré mi respuesta en el blog Tiempo para la Memoria y -como vengo haciendo últimamente- en Medicina, Historia y Arte. De momento, a modo de aperitivo, traigo aquí una galería de retratos del Dr. Paul Ferdinand Gachet (1828-1909), porque este médico peculiar, amigo de artistas y artista él mismo, que sólo conoció a Vincent van Gogh (1853-1890) durante los dos últimos meses de vida del pintor que lo haría pasar a la historia, no sólo fue pintado por él.

Paul Gachet compartió sus estudios y su ejercicio profesional, como médico, con su pasión por el arte. Él mismo fue autor de un buen número de dibujos, grabados y pinturas, que firmaba con el seudónimo Paul Van Ryssel, que no se pueden calificar de excelentes pero sí merecen que, en alguna ocasión, les dediquemos nuestra atención. Y siempre le gustó cultivar la amistad de los artistas, en especial de los pintores. Su amigo Ambroise Détrez, que luego sería profesor de Bellas Artes en Valenciennes, le retrató cuando todavía era estudiante de Medicina.

Ambroise Détrez (1811-1863). Retrato del doctor Paul Gachet cuando era estudiante (c.1850-1852)
Óleo sobre lienzo. 58 x 48,5 cm.
Musée des Beaux-Arts. Valenciennes

Tendría Gachet entonces veinticuatro o veinticinco años de edad. En el retrato vemos a un joven delgado, de tez pálida y rostro alargado. El pelo es rubio oscuro, rojizo, y ligeramente ondulado. Los ojos claros y algo caídos. La nariz prominente, discretamente aguileña. Los labios dibujan una boca acorazonada y sobre el superior aparece un fino bigote con las puntas elevadas. La barbilla puntiaguda, casi prognata.


Diez años después, en torno a 1860, Armand Désiré Gautier (1825-1894) le pintó en el cuadro que vemos a continuación (del que lamento no haber podido conseguir una imagen de mayor calidad) en el que un Gachet elegantemente vestido se ha dejado crecer el pelo y las patillas, a la moda de la época, y lleva ya perilla; aunque todavía no es la que veremos en los retratos de épocas posteriores.


Armand D. Gautier (1825-1894). Le Docteur Paul Gachet (c.1859-1861)


Charles Lucien Léandre (1862-1934) se hizo especialmente famoso por sus caricaturas, como ésta que nos muestra a Gachet fumando en pipa, más alopécico de lo que en realidad era; pero perfectamente reflejados, por los demás, los rasgos característicos que vemos en los otros cuadros de esta época, cuando el médico ya rondaba los sesenta años de edad.

Charles Léandre (1862-1934). Paul Ferdinand Gachet (c.1887)

Fumando en pipa, también, en un grabado menos conocido que sus dos famosos cuadros, lo retrató Vincent van Gogh en mayo de 1890, cuando acababan de conocerse en Auvers-sur-Oise. El grabado fue realizado por el artista holandés en el taller propiedad de Gachet.

Vincent Van Gogh (1853-1890). El Dr. Gachet fumando en pipa
Grabado realizado el 25 de mayo de 1890
Rijksmuseum Kröller-Müller. Otterlo. Holanda

Pero, sin duda, el Dr. Gachet ha pasado a la historia por los dos cuadros que pintó "el loco del pelo rojo" un mes antes de quitarse la vida. Mucho hay que hablar de estos cuadros y de la especial relación médico-enfermo que mantuvieron el pintor y su modelo. Es mi propósito hacerlo más adelante.

Vincent Van Gogh (1853-1890).  Le docteur Paul Gachet (junio, 1990)
Óleo sobre lienzo. 67 x 56 cm.
Colección privada

De momento, dejo un enlace a la página del Museo de Orsay, donde se encuentra la segunda versión del retrato, y donde se habla de la relación que existió entre Vincent van Gogh y Paul Gachet. La página es muy buena; pero, posiblemente, habrá que matizar algunas de las afirmaciones que en ella se incluyen.

Vincent Van Gogh (1853-1890). Le docteur Paul Gachet (junio, 1890). Segunda versión
Óleo sobre lienzo. 67 x 56 cm.
Musée de Orsay. París


Pero todavía nos queda un retrato más. Uno de mis preferidos, el que pintó Norbert Goeneutte (1854-1894) recién llegado a Auvers, en 1891, un año después de la muerte de Van Gogh, el año en que el Dr. Gachet cumplía los 69 de edad. El ya anciano médico (que todavía viviría dieciocho años más) aparece de perfil, leyendo un libro apoyado en un atril. Sobre la mesa se puede ver una tetera, una lupa enorme, otro libro y encima sus lentes. Sin duda tenía ya problemas de visión pero, coqueto, no se pone las gafas para retratarse. La misma coquetería que le llevaría -según parece- a teñirse el pelo, como lo hacía aquel rey Pedro III de Aragón de quien nos hablaba no hace mucho mi amigo Antonio Castillo en su blog tagarete. Porque, desde siempre, la coquetería ha sido cosa de hombres.

Norbert Goeneutte (1854-1894). El doctor Paul Gachet (1891)
Óleo sobre madera. 35 x 27 cm.
Musée de Orsay. París

Para acabar, dos fotografías bien distantes en el tiempo, lo mismo que sus retratos pintados. En la primera lo vemos vestido de uniforme, durante su servicio militar.

Paul Gachet fotografiado con uniforme militar (1849)

La otra es una de sus imágenes más conocidas, la misma que tenía cuando le inmortalizó Van Gogh.

Fotografía del Dr. Paul Gachet, en la época en que le pintó Van Gogh

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