4 de septiembre de 2011

Alice Hamilton


Alice Hamilton (1893)
Michigan Historical Collections, Bentley Historical Library
Universidad de Michigan

Así era Alice Hamilton (1869-1970) cuando se graduó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan, en 1893. Tenía carita de niña todavía. Pero parece ilusionada, decidida, responsable, tenaz, fuerte en su apariencia frágil. Alcanzaba entonces la primera meta en una larga carrera personal llena de obstáculos que la llevaría, entre otras cosas, a convertirse en una auténtica pionera de la Medicina del Trabajo en los Estados Unidos de América, y la primera persona que impartió docencia sobre la materia en el país, en la Universidad de Harvard. Todo fue más difícil porque era mujer.


Alice Hamilton nació en Nueva York, el 27 de febrero de 1869, pero vivió durante su infancia en Fort Wayne (Indiana) en el seno de una familia acomodada. Era la segunda hija del matrimonio formado por Montgomery y Gertrude Hamilton (ella, de soltera, Gertrude Pond). Tenía tres hermanas más y un hermano pequeño. Todos recibieron una esmerada educación; primero de sus padres y luego en los mejores colegios. Desde la adolescencia, Alice manifestó su deseo de estudiar Medicina, y tuvo que convencer a su padre para poder hacerlo. No es que fuera la primera estudiante de Medicina en los Estados Unidos; pero tampoco había muchas.


Cuando acabó la carrera, a los 24 años de edad, ya sabía que prefería el camino de la investigación y la docencia al ejercicio profesional, prefería el laboratorio a la consulta. No obstante, quiso ampliar su formación clínica haciendo prácticas en el Minneapolis Hospital for Women and Children y en el New England Hospital for Women and Children. En 1895, acompañada por su hermana mayor, Edith (quien, años después gozaría de notable prestigio por sus publicaciones sobre la cultura y la mitología de la Grecia clásica), viajó a Alemania -la cumbre de la medicina mundial en aquella época- con la intención de estudiar bacteriología y anatomía patológica. Se encontró, sin embargo, con que las mujeres alemanas no tenían permitido el acceso a la universidad. Con bastantes dificultades, consiguió que se le autorizara el acceso a algunas clases en las universidades de Munich y Leipzig, pero con la condición de que se hiciera prácticamente "invisible" para no perturbar a profesores y alumnos varones. Al año siguiente regresó a los Estados Unidos y continuó sus estudios de postgrado en la renombrada Universidad John Hopkins, de Baltimore. En 1897 empieza a trabajar como profesora de anatomía patológica en la Facultad de Medicina para mujeres de la Northwestern University y poco tiempo después como microbióloga del Memorial Institute for Infectious Diseases de Chicago (Illinois), donde permanecería hasta 1909.


Desde su llegada a Chicago, la doctora Hamilton va a vivir en la Hull House de Jane Addams, la famosa reformadora social, primera mujer a la que se le concedería el Premio Nobel de la Paz, en 1931. En la Hull House, Hamilton, va a conocer un mundo nuevo que cambiará radicalmente su vida. Entra en contacto con el mundo obrero y los inmigrantes, es decir, con la pobreza, las inhumanas condiciones de vida y los trabajos insalubres, nocivos y peligrosos. Como médico, en la Hull House, imparte clases de Educación para la Salud y crea una clínica para niños pobres que atiende personalmente, y continuaría haciéndolo durante los veintidós años que viviría en la casa. Allí fue donde comenzó su interés por la que entonces se llamó Industrial Medicine y luego Occupational Medicine (Medicina del Trabajo en España). Sus investigaciones se centraron, principalmente, en los daños para la salud ocasionados por los metales, como el plomo, el arsénico, el mercurio o el radio, y diversos compuestos químicos presentes en las fábricas de barnices y pinturas, en la producción de caucho y, más tarde, sobre todo durante la Primera Guerra Mundial, en las fábricas de municiones y explosivos. De dichas investigaciones surgieron un elevado número de publicaciones y sus dos libros más importantes sobre la materia: Industrial Poissons in the United States (1925) e Industrial Toxicology (1934).


Si, antes de Alice Hamilton, los estudios sobre enfermedades profesionales en los Estados Unidos de América eran muy escasos, la legislación social para la protección de la salud de los trabajadores -al contrario de lo que ocurría en muchos países de Europa, entre ellos España- era inexistente. Pero, en 1911, el gobernador de Illinois la contrató para dirigir los estudios científicos de la recién creada Comisión para el Estudio de las Enfermedades Profesionales, gracias a la cual se promulgaron las primeras normas legales sobre la materia en ese estado. Posteriormente, durante una década -y sin sueldo- realizó la misma labor para el Gobierno Federal.


En 1919, la Universidad de Harvard la contrató como profesora del Departamento de Medicina Industrial que acababa de constituir. La noticia parecía tan extraordinaria que los periódicos de la época, como el New York Times, se hicieron eco de ella. Era la primera mujer que contrataba esa Universidad para impartir clase a sus alumnos que, todavía, eran todos varones. No es que Harvard se volviera feminista de repente; simplemente, es que la doctora Hamilton era la mejor especialista. De hecho, se le contrató dejándole claras tres prohibiciones: no podía participar en las ceremonias de la Universidad, no tenía permitido el acceso al "Club" de la Facultad, y no tenía derecho a entradas para los partidos de fútbol americano.


De aquel tiempo, cumplida ya la cincuentena, es una de las fotografías más difundidas de la doctora Hamilton, la que puede verse a continuación.

Fotografía con autógrafo de Alice Hamilton, en torno a los 50 años de edad
National Library of Medicine, Images from de History of Medicine, B014009



La misma que utilizaría el Servicio de Correos norteamericano para el sello que emitió en su honor, en 1995.



En verdad su mirada no había cambiado mucho en casi treinta años... Pero, echo en falta, en esta fotografía, la luminosa ilusión que he creído ver en sus ojos en la foto de la graduación. La mirada parece ahora más apagada. ¿Cansada? ¿Decepcionada? Quizás sea sólo una apreciación mía injustificada...


Lo cierto es que, durante su etapa de profesora en Harvard, ya recibía premios y honores, y fue nombrada para representar a su país en diversos organismos internacionales relacionados con la seguridad y la salud en el trabajo. Desde 1924 hasta 1930 fue la única mujer participante en el Comité de Salud de la Liga de Naciones, representando a los Estados Unidos. En aquel mismo año, 1924, pasó seis semanas invitada por los dirigentes de la Unión Soviética, que entonces parecía ser la más avanzada en estos temas, para conocer las medidas tomadas para la protección de la salud de los trabajadores.


En 1935, al cumplir los 65 años de edad, se jubila en la Universidad, ocupando el mismo puesto de profesora asociada en el que había empezado. Nunca ascendió. Pero tampoco cesó nunca en sus múltiples actividades. Siguió colaborando como asesora del gobierno norteamericano. Publicó su autobiografía, Exploring the Dangerous Trades, en 1943. En 1944, su nombre ya figuraba en la lista de "Men of Science"... Y continuó en su lucha personal en favor de la justicia social y el pacifismo.


Ya con ochenta años cumplidos, como la vemos en la siguiente fotografía, le gustaba pintar y cuidar el jardín en su casa de Hadlyme (Conneticut); donde -se dice- el FBI la tenía vigilada por "subversiva", a causa de sus manifestaciones contra la guerra de Vietnam.

Alice Hamilton en su casa de Hadlyme (Conneticut), 1957
The Schlesinger Library, Radcliffe Institute, Harvard University



Alice Hamilton falleció con 101 años, el 22 de septiembre de 1970, tres meses antes de que se promulgara la primera ley federal sobre Seguridad y Salud en el Trabajo en los Estados Unidos. No había pasado mucho tiempo desde que dijo: "Para mí, la satisfacción es que las cosas están mejor ahora, y yo he tenido algo que ver con ello".


Sobre la doctora Hamilton se puede encontrar amplia información en Internet. Se habla de ella en las páginas de varios organismos oficiales, como la titulada Changing the face of Medicine, de la National Library of Medicine (NLM) o la del National Institute for Occupational Safety and Health (NIOSH), publicada por los Centers for Disease Control (CDC). Aparece en varias páginas dedicadas a mujeres famosas como la Conneticut Women's Hall of Fame, o The Safety and Health Hall of Fame International. Especialmente recomendable me parece lo publicado por la American Chemical Society (ACS) "Alice Hamilton and the Development of Occupational Medicine". En español, la principal referencia la encontramos en el blog historiadelamedicina.org, del Profesor Fresquet (2006): "Alice Hamilton (1869-1970) y las enfermedades laborales".


El NIOSH también publicó, en 1988, el siguiente vídeo con el que finaliza este merecido recuerdo a una de las pioneras de la Medicina del Trabajo y la Salud Laboral: Alice Hamilton.


13 comentarios:

  1. Quiero dar las gracias al siempre atento Lorenzo "el retronauta", a mi querida Lola, a José María -colega y autor de "Mi reino por un caballo"-, a mi entrañable y ejemplar Irene, y a las hermanas Raquel e Isabel Lautenschlager Santana, por haber tenido la deferencia de unirse al futuro de este blog nada más nacer.
    Muchas gracias por la confianza y un afectuoso abrazo para los seis.

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  2. Francisco me paso por este tu nuevo blog y nueva aventura bloguera. Te voy a seguir de cerca. Hoy nos dejas una gran entrada dedicada a una gran mujer.

    Un abrazo.

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  3. Me apetecía mucho dedicarle una entrada a esta pionera de mi especialidad; aunque la ejercía de modo muy distinto a como lo hacemos en ésta, nuestra querida España.
    Muchas gracias, Carolus. Siempre es un honor y un placer recibirte en la que ya es tu casa.
    Un abrazo.

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  4. Para el autor del "RETABLO DE LA VIDA ANTIGUA", maestro, toda mi gratitud por enaltecer con su presencia este blog recién nacido.

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  5. Es una pena que una gran investigadora como ella fuera obviada en los estamentos académicos sólo por su condición de mujer, pero menos mal que eran otros tiempos y ahora esa discriminación ha desaparecido casi del todo. Yo también observo cierta tristeza en sus ojos, pero bien puede ser por la luz, el estado anímico de ese día o por caprichos del fotógrafo.

    Saludos

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  6. Admiro a las mujeres que han sabido abrir caminos. Lamento que, en muchos casos, eso conllevara un gran sacrificio personal. Me alegra que las cosas hayan cambiado. Aspiro a que nunca se necesiten "cuotas".
    Muchas gracias, Carmen.
    Un beso.
    Paco

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  7. Qué interesante, Francisco. Como te figurarás, no sabía nada de Alice Hamilton y me ha resultado muy grato descubrirla ¡un modelo de dedicación y entrega a su profesión! Desde luego que tenía motivos para sentirse orgullosa. Suscribo, tanto el comentario de Carmen Béjar como tu respuesta, de principio a fin.
    Muchos besos

    PD: ¿has probado a editar de nuevo la entrada (como si fueras a modificarla añadiendo un punto o una coma o algo...) y publicarla? Quizás se solucione el problema.

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  8. ¡Gran mujer, Lola! Como tantas que son desconocidas. Pero ésta forma parte de la historia de mi especialidad... Yo mismo no conocía hasta hace poco... Y tenía que traerla aquí.

    Respecto a los problemas del blog: Hice todo lo que se me ocurrió y pude. Quité, volví a poner, a quitar otra vez... Y nada. Al final, se ha arreglado solo. Seguramente, lo único que le pasaba es que es "demasiado nuevo". ¡Y yo quería que hubiera nacido sabiendo!

    Muchas gracias por tu interés, por tu consejo, y por ser como eres.
    Un beso.

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  9. Magnifica entrada sobre una doctora a la que no conocía. Asombrado y apesadumbrado he quedado leyendo las injusticias que le hicieron a la pobre.
    No pagarle su trabajo, ningunearla en la universidad aún siendo titular y la mejor especialista. No me extraña que la pobrecilla no recuperara nunca la sonrisa.

    Este va a ser blog monotemático que no voy a perder de vista caballero.

    PD: Y gracias a usted por su reconocimiento. El merito es suyo ;-))

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  10. No me de las gracias, por favor, amigo Lorenzo. Al contrario, soy yo quien debe estar agradecido por sus continuas atenciones.

    Este nuevo blog, en realidad, es una rama que ha salido del anterior, el cual -a su vez- surgió del primero. Cuando veo que hay tema, pues ¡hala! otro blog... Pero prometo controlarme y no empezar más. En realidad, los tres blogs son para mí como uno solo, una especie de "trinidad laica" (palabra, esta última, tan de moda y tan mal utilizada) entre la que me iré repartiendo, si Dios quiere.

    A Alice Hamilton la conocí -yo también- hace poco; y eso que es una de las pioneras de mi especialidad. Aunque la Medicina del Trabajo española y la Occupational Medicine de ellos tienen poco que ver. Me quedé prendado de esa fotografía (el poder de la fotografía es inmenso ¿verdad?). Y así empezó mi interés por ella.

    Muchas gracias de nuevo, Lorenzo.
    ¡Un abrazo!

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  11. Muchas gracias, J., por estar aquí también.
    Un beso.

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  12. Hola, Paco!
    Gracias por honrar la memoria de esta colega antecesora, que luchó por los derechos de los obreros explotados en la industria yanki.
    Chau,
    Silvia.-

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  13. La medicina del trabajo española tiene poco que ver con la que se practica en los Estados Unidos. A pesar de que es mi especialidad, y de mi pasión por la historia de la medicina, no conocí a la doctora Hamilton hasta hace unos meses, presisamente buscando temas para mis blogs. Desde entonces quedé prendado de ella, Silvia, y estaba deseando dedicarle una entrada. Como me encantaba ese retrato de la doctora casi niña, ésta era la ocasión.
    Muchas gracias por tu comentario, querida colega.
    Chau.

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