19 de diciembre de 2011

William Osler miraba a los ojos de sus pacientes. ¡Seguro!

William Osler (1849-1919)

Esos ojos que miran directamente a los nuestros, de frente, son los de Sir William Osler (1849-1919). Osler nació y se formó como médico en Canadá. Fue profesor de Medicina en la Universidad de Pennsylvania; fundador y primer profesor de Medicina de la Universidad John Hopkins; profesor de Medicina en la Universidad de Oxford. Se le considera "El Padre de la Medicina Moderna". Fue un gran médico humanista que enseñaba la profesión a la cabecera del enfermo.

Una de sus frases más conocidas dice: "No hay arte más difícil de adquirir que el arte de la observación". Para observar es necesario mirar, y estoy convencido de que él nunca dejó de mirar a los ojos de sus pacientes.

Mirar a los ojos, ese sencillo gesto que por diversos motivos tantas veces falta, es lo que nos propone a los sanitarios una iniciativa promovida en Internet por un grupo de compañeros, con el fin de humanizar nuestra relación con el paciente en el ámbito de la medicina actual socializada y tecnificada. Humanizar... que no es poco. Una iniciativa a la que, desde ahora, este blog también se une.


Para saber más sobre esta iniciativa, véase: Mírame, diferénciate.

5 de diciembre de 2011

El inusual retrato del Doctor Pozzi


John Singer Sargent (1856-1925). Dr. Pozzi at home (1881)
Óleo sobre lienzo. 202,9 x 102,2 cm.
Armand Hammer Collection (UCLA). Los Angeles, CA (USA)

Médico de reconocido prestigio, como cirujano general y -sobre todo- como ginecólogo: con razón se le considera "el padre de la ginecología francesa". Antropólogo. Coleccionista de antigüedades. Voluntario del ejército francés en la Guerra Franco-Prusiana y en la Primera Guerra Mundial. Amigo de intelectuales y artistas. Participante en las más variopintas actividades del París de finales del siglo XIX y principios del XX. Político. Y -según algunos de los que le conocieron y de quienes han escrito sobre él- amante excepcional. Nadie podría haber sido el protagonista de uno de los cuadros más famosos del gran retratista John Singer Sargent (1856-1925), como lo fue el Doctor Samuel Jean Pozzi (1846-1918), al que Sarah Berhardt (1844-1923) llamaba "Doctor Dieu".

Samuel Jean Pozzi nació el 3 de octubre de 1846 en la pintoresca localidad de Bergerac, al sudoeste de Francia. Tras completar sus estudios preliminares en Pau y BurdeosPozzi empezó a estudiar medicina en París, en 1864. Participó como voluntario en la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) y volvió luego a sus estudios para doctorarse, en 1873, con una disertación sobre el tratamiento de las fístulas pararectales que ganó la Medalla de Oro de la Facultad de Medicina de París. Dos años después llegó a ser profesor de esa misma Facultad, presentando para obtener la plaza otra tesis sobre la histerectomía en el tratamiento del fibroma uterino. En 1876, en un congreso de la British Medical Association, Pozzi conoció a Joseph Lister (1827-1912), y se convirtió en uno de sus más firmes partidarios, introduciendo la antisepsia en los hospitales de su país y escribiendo el primer texto francés sobre la materia: Quelques observations a propos du pansement de Lister appliqué aux plaies d'amputation et d'ablation de tumeurs. En 1884, Pozzi consiguió la primera Cátedra de Ginecología de la Facultad de Medicina de París, haciendo de la ginecología una especialidad independiente de la medicina y la cirugía. La más importante de sus más de cuatrocientas publicaciones médicas, el Traité de Gynécologie Clinique et Opératoire, editado en París, en 1890, se tradujo enseguida a seis idiomas, consagrándolo como uno de los ginecólogos más importantes de su época a nivel mundial, la gran figura de la medicina francesa en Europa y América.

Por entonces, Pozzi ya era también en uno de los personajes más conocidos de Francia, incluso se vendían reproducciones de su retrato por las calles de París. Y, a sus indiscutibles méritos profesionales, unía su fama de conquistador irresistible. La actriz Sarah Bernhardt quien, según diversas fuentes consultadas, durante un tiempo fue su amante -y no la única- pero siempre fue su amiga, y que sólo consintió que fuera él quien la operara cuando hubo que extirparle un quiste ovárico en 1898, le llamaba "Doctor Dieu".

En realidad, a Samuel Jean Pozzi se le puede considerar un hombre de mentalidad renacentista. Además de desarrollar una exitosa carrera médica, participaba activamente en la intensa vida social de París y llevaba a cabo múltiples actividades. Junto a Rene Benoit publicó una traducción al francés del libro de Charles Darwin Expresion of Emotions in Humans and Animals. En 1888 se le nombró presidente de la Sociedad Francesa de Antropología, sociedad de la que era miembro desde 1870. Viajó por todo el mundo adquiriendo monedas y antigüedades griegas y romanas, de las que era un gran coleccionista. Con Emile Zola, desempeño un importante papel en la defensa de Alfred Dreyfus. Mantuvo una buena amistad con su colega, el doctor Adrien Proust, cuyo hijo Robert, que era ginecólogo, fue ayudante de Pozzi; mientras que su otro hijo, Marcel Proust, llegó a ser uno de sus más íntimos amigos, lo mismo que el poeta Robert de Montesquiou. En 1898, fue elegido senador por su circunscripción natal, participando así también en la política nacional.

La muerte de Pozzi fue tan novelesca como, en muchos sentidos, lo había sido su vida. Según la que, para nosotros, es su mejor biógrafa, la doctora Caroline de Costa, el 13 de junio de 1918, Pozzi fue asesinado en su consulta por un paciente alienado, Maurice Machu, a quien había operado anteriormente de un varicocele y creía, falsamente, que esa operación le había dejado impotente. Machu quería que volviera a operarlo, para devolverle su virilidad, y cuando el doctor se negó a hacerlo le disparó tres tiros en el abdomen y luego se suicidó. Pozzi no falleció instantáneamente. Hubo tiempo para que algunos de sus amigos acudieran a su lado, incluido el primer ministro, Georges Clemenceau (que también era médico y periodista), y para trasladarlo a un hotel cercano, donde uno de sus discípulos, el doctor de Martel, se haría cargo de la intervención quirúrgica. Pozzi, rehusó la anestesia general, ordenando una infiltración local, decidido a dirigir la operación. Pero no pudo resistir mucho más. Sólo tuvo tiempo, antes de morir, para pedir que se le enterrara con su uniforme militar en el cementerio de Bergerac, su ciudad natal. Algunos días después, Marcel Proust escribía a un amigo común: "Mi dolor es muy profundo [...]. Pienso en su bondad, su inteligencia, su talento, su belleza, en como lo he venerado constantemente..."

Estos han sido algunos retazos de la vida y la muerte de un hombre que en 1881, en la plenitud de sus treinta y tantos años fue retratado por un pintor diez años más joven, pero que ya tenía un nombre hecho en los ambientes artísticos, y llegaría a convertirse en uno de los artistas más importantes de su tiempo: John Singer Sargent.  Entre el médico y el pintor surgió una amistad sin final. El cuadro impresiona, y no sólo por sus más de dos metros de altura. Sargent, por entonces muy influenciado precisamente por la luz y el color de la pintura española, sugirió a su amigo un atrevido y provocativo retrato que nada tendría que ver con los tradicionales retratos de médicos en el siglo XIX, caracterizados por sus serios y típicos tonos oscuros. Y Pozzi se prestó a ello. Es una explosión de rojo, de pasión... Fondo rojo y rojo en esa bata de estar en casa cubriendo su camisa de dormir, blanca, romántica, "byronesca"; de la que sólo se escapan una adornada zapatilla -por abajo-, la gentil cabeza enmarcada por unos negros cabellos y bien recortada barba negra -por arriba-, y las manos... Esas manos finas, delicadas, del ginecólogo que proponía la exploración bimanual del aparato genital femenino. La izquierda, enredando en el cinturón de la bata, del que penden dos enormes borlones en su parte central. La derecha, en la que se entiende como una posición de sinceridad, apoyada en el pecho, sobre el corazón -un gesto habitual en los retratos de nobles de los siglos XVI o XVII- pero que aquí, en vez de completamente abierta, se muestra con el dedo índice doblado, indicando -según Sutcliffe- que en este seductor "Don Juan", quizá, la sinceridad no era su cualidad más evidente.

El cuadro Dr. Pozzi at Home fue propiedad de la familia Pozzi hasta 1967, cuando fue adquirido por Armand Hammer para su colección privada. Hoy se puede contemplar públicamente, y dejarse seducir por él, en el Hammer Museum (UCLA), en Los Angeles, California.

Hasta aquí lo publicado en el blog Medicina y Arte, el pasado 13 de febrero de 2011. Añadimos ahora, como complemento, un par de fotografías del Dr. Pozzi y acabamos con un aderezo musical que, seguramente, por dos motivos, creemos que a nuestro protagonista le gustaría. Primero porque, aunque no se puede asegurar con certeza, parece que su compositora era una mujer, y Pozzi era un apasionado admirador de la mujer, de todas las mujeres. Sophie Menter (1846-1918), que nació y murió, precisamente, en los mismos años que Samuel J. Pozzi, fue una pianista y compositora alemana que se convertiría en la estudiante femenina favorita de Franz Liszt. Y segundo, porque si no fue ella sola, el talento y la mano del maestro Liszt -a quien no quería dejar de nombrar este año 2011, al haberse cumplido el pasado 22 de octubre el bicentenario de su nacimiento- están presentes en esta Ungarische Zigeunerweisen.

Dr. Samuel Jean Pozzi, todo un dandi
Fotografía tomada por Nadar.
Imagen: JSS Gallery y Gabriela Alü


El Dr. Samuel Jean Pozzi con uniforme militar en 1918, el año de su muerte
Imagen: JSS Gallery 




Bibliografía:
COSTA, Caroline de y MILLER, Francesca (2007): "Sarah Bernhardt's 'Doctor God': Jean-Samuel Pozzi (1846-1918)". Australian and New Zealand Journal of Obstetrics and Gynaecology47, 5: 352-356.
COSTA, Caroline de (2009): "Sarah Bernhardt's Doctor God". En: The Life & Work of Samuel Pozzi (1846-1918). [Disponible en: http://www.doctorpozzi.com/index.php/published-articles; consultado el 13 de febrero de 2011].
SCHATZKI, Stefan C. (2008): "Doctor Pozzi at Home". American Journal of Roentgenology, 191: 294. [Disponible en: http://www.ajronline.org/cgi/reprint/191/1/294; consultado el 13 de febrero de 2011].
SUTCLIFFE, Adam (2001): "Doctor Vagina 'Doctor Pozzi at Home'. A blatant despiction of a morally-corrupt soul". En: WALLACE, Natasha (Dir.) John Singer Sargent's Virtual Gallery. [Disponible en: http://jssgallery.org/Essay/Dr_V/Dr_v.htm; consultado el 13 de febrero de 2011].


Enlaces de interés:
JSS Gallery
The Life & Work of Samuel Pozzi (1846-1918)

14 de noviembre de 2011

El abuelo médico de las Anguissola



Lucía Anguissola (c.1536-c.1565). Retrato de Pietro M. Ponzone
o Retrato de Pietro Manna, médico de Cremona (1557)
Óleo sobre lienzo. 96 x 76 cm.
Museo del Prado. Madrid

"Caso singularísimo en la historia de la pintura es el de las hermanas cremonesas Sofonisba, Elena, Lucia, Europa y Ana Maria Anguissola, todas pintoras retratistas muy precoces."(1) Así empieza Ricardo Topolansky su comentario sobre el cuadro que da inicio a esta entrada, el que nos muestra al abuelo médico de las Anguissola. El artífice de ese hecho tan poco común, posiblemente único a mediados del siglo XVI, fue el padre de las niñas, Amilcare, un caballero de la baja nobleza de Cremona, en la Lombardía italiana, con más cultura que recursos económicos, aficionado a la historia antigua -especialmente a la cartaginesa, por su propio nombre y por los que dio a su hijo Asdrubal y a su hija Sofonisba, la mayor y la que llegaría a ser la más famosa(2)- y apasionado por el arte; que se empeñó en que sus hijas recibieran una formación muy superior a la que por entonces era habitual no sólo para las mujeres (cosa que resultaba absolutamente extraordinaria) sino incluso para los hombres; orientándolas especialmente hacia la pintura (en una época en la que, como profesión, era impensable que una mujer fuese pintora) con sorprendentes resultados.

De Lucia, la autora del cuadro, la tercera hija de Amilcare Anguissola y Bianca Ponzone, se sabe muy poco. No hay certeza sobre el año de su nacimiento, que unos sitúan en 1536, otros en 1540, y la mayoría en torno a 1538. Tampoco se sabe cuando murió. Se cree que pudo ser en 1565; nunca después de 1568. Lo único cierto es que falleció muy joven, con veintitantos años, al contrario que su hermana Sofonisba, que alcanzaría los noventa y dos o noventa y tres años de edad. Su temprana muerte es la causa de que la obra pictórica de Lucia Anguissola -retratos familiares en su mayor parte- sea escasa. Escasa, pero de una calidad encomiable para una pintora que era prácticamente una niña. Y, entre sus retratos, destaca de manera especial éste de su abuelo médico.


El cuadro es propiedad del Museo del Prado, donde se encuentra catalogado con el título de "Pietro Manna, médico de Cremona", aunque el nombre del abuelo materno de las Anguissola era Pietro Maria (o Pietro Martire -según algunos- por el santo veronés) Ponzone. La profesión del abuelo queda patente mediante su símbolo, el bastón de Esculapio, el bastón con la serpiente enrollada que sujeta en su mano izquierda. Pero, también, por los dos gruesos volúmenes depositados sobre la mesa, a su derecha, como muestra de sus grandes conocimientos, y por la toga con cuello de martas que viste, indicativa de su alto rango. Pero llama la atención, en este retrato de más de medio cuerpo en el que el abuelo aparece dignamente sentado, el que con una escasa paleta de colores Lucía, como era característica común de las hermanas en los retratos de su familia, dota al cuadro de una especial sensibilidad y -podríamos decir- de vida, evitando el carácter formal, a veces severo, de muchos retratos, con pequeños detalles como ese hombro algo más levantado o, sobre todo, el simpático gesto de la cara arqueando la ceja izquierda. La doctora Olga Marqués Serrano, dermatóloga, en su libro La piel en la pintura (que es, en si mismo, una auténtica obra de arte), en el que realiza un amplio repaso a las enfermedades y trastornos relacionados con su especialidad en la historia de la pintura, nos hace notar que el doctor Ponzone presentaba "...una alopecia androgenética grado V, también llamada calvicie hipocrática o en herradura, en la que la afectación de la región fronto-cervical es total."(3)


Lucia firmó su cuadro en el brazo izquierdo del sillón donde se sienta su abuelo. Lo hizo como hija de Amilcare, "adolescens". Vasari, que lo vio, alaba este cuadro en Las vidas... Tras el fallecimiento de la joven pintora, Amilcare se lo envió a su hermana, a España; donde, con el tiempo, pasaría a formar parte de la colección real.


La ciudad de Cremona ha estado muy presente en esta entrada, la patria de los Stradivari y los Guarneri, que la hicieron famosa más de un siglo después de que nacieran y vivieran allí los Anguissola por la magia de sus violines, pero también la ciudad natal de Claudio Monteverdi (1567-1643) nacido poco después de la muerte de Lucia Anguissola. En homenaje a esa pintora adolescente que retrató a su abuelo en un cuadro tan hermoso y tan lleno de amor, despedimos por hoy con la música de su paisano Monteverdi: "Si dolce e'l tormento", en la prodigiosa y peculiar voz del contratenor francés Philippe Jaroussky.


NOTAS
(1) TOPOLANSKY, Ricardo (2006): "Lucía Anguissola. Retrato del Dr. Pietro María de Cremona. Museo del Prado". Pescando en Internet, 225 [Disponible en: http://www.sguruguay.org/documentos/pescando/Pescando225.pdf; consultado el 13 de noviembre de 2011].
(2) Sofonisba Anguissola (c.1532-1625) fue una magnífica pintora que, aunque con cierta fama en su época, no pudo ejercer libremente el oficio -la mayor parte de su larga vida- por su condición de mujer. Por eso mismo, muchos de sus cuadros no están firmados y, durante mucho tiempo, fueron atribuidos a pintores de la Corte española, como Alonso Sánchez Coello, entre otros. Sólo recientemente se ha reconocido que ella fue la autora de esas obras. A España llegó cuando tenía veintisiete años, a finales de 1559, por recomendación del Duque de Alba a Felipe II, como dama de compañía -que era un puesto más importante que el de pintor- de la nueva reina Isabel de Valois, tercera esposa del Rey. Todo indica que Sofonisba se ganó enseguida la estima y confianza de la joven y bella Isabel, y del mismo Felipe II a través de su esposa. Tanto que, tras la muerte de ésta, el Rey le pidió que se quedara en la Corte para hacerse cargo de la educación de las infantas, Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. Posteriormente, regresaría a Italia... Por otra parte, el nombre de Sofonisba rememora a la hija del general cartaginés Asdrúbal Giscón, que prefirió envenenarse antes que caer cautiva de Escipión.
(3) MARQUÉS SERRANO, Olga (2009): La piel en la pintura. Madrid, Reprofot: 183.


*Actualizado el 4 de septiembre de 2012.

27 de octubre de 2011

Miguel Servet (1511-1553)


Cristoffel van Sichem "El Joven" (c.1546-1624). Retrato de Miguel Servet (1607)
Grabado en cobre
Biblioteca Nacional de París
Fuente: Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet

Tal día como hoy, 27 de octubre, pero del año 1553, quemaban vivo en la hoguera al teólogo y médico español Miguel Servet. No fue por haber descubierto la circulación pulmonar de la sangre, ni por su acerada crítica a los métodos terapéuticos de la época, ni por sus aficiones astrológicas, entonces tan en boga... A Miguel Servet no le quemaron por nada que tuviera que ver con su obra médica. Murió en la hoguera por sus creencias religiosas, en aquellos convulsos inicios de la Reforma Protestante y la Contrarreforma Católica, por mantener -con tozudez maña- su derecho a la libertad de pensamiento, de expresión y de conciencia.


Aunque hace menos de un mes, el pasado 29 de septiembre, con motivo del V Centenario de su nacimiento, le dedicamos una más elaborada entrada en TIEMPO PARA LA MEMORIA (que invito a visitar, en el enlace anterior) no he querido dejar de traer a este blog su retrato en la fecha que se cumple el aniversario de su muerte.


Se trata de un grabado en cobre, de gran calidad, realizado en 1607 (es decir, cincuenta y cuatro años después de la muerte de Servet, con toda probabilidad sin que el autor le hubiera conocido) por el holandés Cristoffel van Sichem "El Joven" (c.1546-1624). Un grabado que ha sido reproducido, interpretado y copiado en diversas ocasiones, por distintos autores; y que en ésta, su versión original, según la página web del Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet, y otras fuentes, se conserva en la Biblioteca Nacional de París.


El artista nos presenta a Servet de medio cuerpo, en actitud reflexiva y tranquila, aparentemente de pie en lo que parece ser una balconada, con una columna a su espalda. La mano derecha en el pecho y la izquierda sujetando un pequeño libro, probablemente aquel Christianismi Restitutio que le costó la vida. En la parte inferior, bajo la firma del autor, "Sichem fecit", una leyenda recuerda el origen del personaje grabado: "Michael Servetus Hispanus de Aragonia". Arriba, a la izquierda -según se mira el cuadro-, en el horizonte, contemplamos su cruel final.


Un buen ejemplo de retratos posteriores de Miguel Servet, basados en el grabado de van Sichem, es el que se halla en el Intituto de Educación Secundaria que lleva el nombre de aquél, en Zaragoza, pintado por Eugenio Ramos, que fue profesor del Centro. Lo encontramos, junto a una abundante iconografía (incluyendo un dibujo de Picasso, de 1904) en la ya citada página web del Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet.

Eugenio Ramos. Retrato de Miguel Servet (1936)
Óleo sobre lienzo. 130 x 96 cm.
Instituto de Educación Secundaria "Miguel Servet". Zaragoza
Fuente: Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet


En mi opinión, este cuadro de Eugenio Ramos representa mejor que el grabado de van Sichem, en el que aparece demasiado envejecido, a un hombre de 42 años recién cumplidos, que son los que tenía Servet cuando murió en la hoguera.


Acabo, como siempre que puedo, con música. Bajo la dirección de Juan Luis Martínez, la joven Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Aragón (OSCSMA), interpreta la tercera parte "Pneuma: La Circulación Menor", compuesta por Tomás Virgós, de la obra creada para conmemorar el V Centenario del nacimiento de Miguel Servet: Servetis Anima.


Sirva esta entrada como un modesto homenaje más a la memoria de Miguel Servet, y como testimonio de adhesión personal a los principios y valores de la libertad de expresión y la libertad de conciencia.

OTROS ENLACES DE INTERÉS:

16 de octubre de 2011

El capitán médico Santiago Ramón y Cajal


Retrato del Capitán Médico Santiago Ramón y Cajal
Museo del Ejército. Toledo (España)

Estamos acostumbrados a ver la imagen de don Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) ya mayor, incluso anciano, con su característica alopecia hipocrática y su recortada barba, retratado por Sorolla (1906) o por Ricardo Madrazo, entre otros; y, sobre todo, a verle fotografiado en su laboratorio, trabajando con el microscopio. Por eso, sorprende encontrarle en este cuadro tan joven (veintidós años tendría, veintitrés a lo sumo), cuando todavía conservaba íntegra su cabellera y permanecía barbilampiño, vestido con uniforme militar.


El cuadro es propiedad del Museo del Ejército, que está en Toledo (España). Muestra a Cajal con uniforme de capitán del Cuerpo de Sanidad Militar, en lo que podría ser un botiquín de campaña, por los frascos con medicamentos que hay encima de la mesa. A su espalda, a través de la abertura de la tienda, se puede contemplar parte del paisaje de la manigua cubana, con un fortín militar. Cajal aparece de pie, en un retrato de más de medio cuerpo, mirando directamente hacia nosotros, con un libro entreabierto en su mano derecha. Sin duda, el cuadro es bastante posterior al momento histórico que representa. Ningún pintor hubiese retratado entonces, en Cuba, a aquel joven médico desconocido. Faltaban todavía treinta y dos años para que le concedieran el Premio Nobel, en 1906. Aunque firmado en su esquina inferior izquierda, no he sido capaz de averiguar quien es el autor en la imagen de la que dispongo, como tampoco conozco su fecha de realización ni las características técnicas del cuadro. Si alguien me pudiera informar de ello, le quedaría muy agradecido.


Cuando Santiago Ramón y Cajal se licenció en Medicina con 21 años de edad, en 1873, hacía poco que se había proclamado la Primera República Española. Con ella se había instaurado el servicio militar obligatorio. El recién licenciado en Medicina fue llamado a filas para formar parte de la conocida como "Quinta de Castelar", por el apellido del político gaditano, célebre por su oratoria, que primero ocupó la cartera de Estado y luego fue presidente del gobierno de la República, y que promulgó la Ley que ordenaba la obligatoriedad del servicio militar. Sus primeros meses, como soldado, los pasó Cajal en Zaragoza. Al poco, se convocaron oposiciones al Cuerpo de Sanidad Militar. Cajal las aprobó, obteniendo el número 6, entre 100 candidatos que se presentaron para 32 plazas. Ya como teniente, fue destinado al Regimiento de Burgos, acuartelado en Lérida, con la misión de defender los Llanos de Urgel en la Tercera Guerra Carlista. Para el militar idealista, que entonces era Ramón y Cajal, fue una desilusión no tener que intervenir en acción bélica alguna durante el tiempo que pasó en Cataluña. Por tanto, recibió encantado su destino a Cuba, en plena Guerra de los Diez Años, y el consiguiente ascenso a capitán que suponía el paso a ultramar. Allí se fue contento, pero con la franca oposición de su padre, don Justo Ramón Casasús. Eso sí, el bueno de don Justo se ocupó de conseguir para su hijo valiosas cartas de recomendación, con objeto de que tuviera en la isla el mejor destino posible. Como era preceptivo, para su aclimatación, el primer mes en la Gran Antilla lo pasó Cajal en La Habana, dedicado por entero a dos de sus muchas aficiones: la pintura y la fotografía. Le gustaba la pintura, el dibujo, desde niño. De hecho, esa era su gran vocación. A la fotografía se había aficionado durante sus últimos cursos en la Facultad de Medicina de Zaragoza. En ambas aficiones llegaría a ser un maestro. Ambas le serían muy útiles durante toda su vida, en su ingente actividad científica.


Tras aquel agradable mes en La Habana, llegada la hora de recibir su destino definitivo en la isla, pero como nuestro hombre era tan "cajaliano" -si se me permite la expresión- no presentó las cartas de recomendación que con tanto empeño le había conseguido su padre, cosa que sí habían hecho la mayoría de sus compañeros, por no decir todos. El resultado es que obtuvo el peor destino posible, el Hospital de Campaña de "Vista Hermosa", situado en uno de los ligares más peligrosos de la isla a pesar de su idílico nombre, donde los soldados caían diezmados por el enemigo, pero -más aún- por el paludismo y la disentería. Luego pasó a la enfermería de San Isidro, en la "trocha del Este". Cajal, en poco tiempo, quedó agotado y contagiado de esas enfermedades endémicas. En 1875 regresó a España, todavía enfermo, diagnosticado de "caquexia palúdica grave" y declarado "inutilizado en campaña". Así acabó su corta carrera militar. Aunque, la fatalidad se convertiría en fortuna, porque iniciaría entonces su carrera definitiva, la de investigador, para llegar a ser el científico español por excelencia.


Nada mejor para conocer en profundidad la historia de don Santiago Ramón y Cajal durante esos años a los que nos hemos referido, que leer lo que él mismo dice en los capítulos XXII, XXIII, XXIV y XXV (cada uno de ellos está enlazado en su número correspondiente) de su gran obra autobiográfica Recuerdos de mi vida, de la que disponemos en Internet gracias al Centro Virtual Cervantes.


Para quien quiera, y tenga tiempo para ello, es muy recomendable también ver el capítulo dedicado a esta parte de la biografía cajaliana en aquella gran serie de José María Forqué, Ramón y Cajal: Historia de una voluntad, que Televisión Española emitió en 1982, con un Adolfo Marsillach magistral en el papel protagonista (aunque, lógicamente, es otro actor, cuyo nombre desconozco, quien interpreta al joven Cajal en este capítulo) y Fernando Fernán Gómez como don Justo Ramón y Casasús.


Mañana, 17 de octubre, se cumplirán 77 años del fallecimiento de don Santiago Ramón y Cajal. Sirva esta entrada como modesto recuerdo y homenaje a su persona.

2 de octubre de 2011

La lección de geografía del doctor Trioson


Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). La Leçon de géographie (1803)
Óleo sobre lienzo. 101 x 79 cm.
Musée Girodet. Montargis (Francia)

Si, en la entrada anterior, contemplábamos el retrato del doctor Auenbrugger con su esposa, hoy vemos a otro médico pero, esta vez, con su hijo. La escena no guarda relación alguna con la actividad profesional (y nada sabríamos de ella si no fuera por un símbolo que, entre otros, de otras cosas, el pintor nos deja sutilmente en el cuadro) sino que se desarrolla en la intimidad del ámbito familiar. ¿Acaso hay algo más importante que la familia, si se descarta la salud?


De los protagonistas del cuadro se sabe poco. El doctor Benoît-François Trioson (1735-1815) era médico ("medecin-des-mesdames", leemos en Wikipedia; aunque no se puede asegurar, por ello, que fuera obstetra y ginecólogo) y uno de los ciudadanos más notables de la villa de Montargis, que dista 115 kilómetros de París. Su ideología monárquica, posiblemente, le habría causado algunas dificultades durante los convulsos tiempos de la Revolución Francesa. Con su joven esposa, Marie-Jeanne, lamentablemente fallecida en 1795, y cumplidos ya los 55 años -bastante mayor para la época- había tenido a su único hijo, Benoît-Agnés (1790-1804), en quien se centrarían sus atenciones y sus ilusiones; pero que moría, también, por desgracia, el año después de que se pintara el cuadro. La relación del doctor Trioson con el pintor Anne-Louis Girodet (1767-1824) venía de antiguo. Tanto, que muchos afirman que era hijo natural suyo. Oficialmente, se dice que Trioson era íntimo amigo de los padres de Girodet, quienes le nombraron su tutor. Ambos murieron, con pocos años de diferencia, en 1784 y 1787. Desde entonces, el doctor Trioson se hizo cargo de todo lo concerniente a Girodet, incluyendo su herencia y su formación artística, primero en arquitectura y luego en pintura, llegando a ser uno de los discípulos más destacados de Jacques-Louis David. Tras el fallecimiento del pequeño Benoît-Agnés, el médico adoptó como hijo al pintor, y éste unió a su apellido el de su padre adoptivo, surgiendo así el compuesto Girodet-Trioson.(1)


En cuanto al cuadro que da inicio a esta entrada, titulado La Leçon de géographie y fechado en 1803, se puede decir que es el último de una serie de retratos de la familia del doctor Trioson pintados por Girodet (algunos de ellos los podremos ver después). Una vez más, el artista rinde homenaje a su tutor,cuya profesión se expresa mediante el busto de Hipócrates que aparece al fondo, detrás del médico, con un doble retrato muy representativo del espíritu que Rousseau infundió a la Ilustración. El doctor Trioson, como padre, contribuye activamente a la educación de su hijo. Para complementar su formación, tras haber leído los Comentarios de la Guerra Civil, de Julio César, el libro sobre el que el niño apoya su mano derecha, su padre le muestra en un globo terráqueo el norte de África y ambos señalan hacia el lugar donde Pompeyo fue asesinado. Los accesorios se limitan a lo esencial para resaltar, fundamentalmente, la afectuosa solicitud con la que el padre atiende a su hijo, absorbido por el estudio. Pero, Girodet, era también un apasionado de la pintura flamenca del siglo XVII, y de ésta toma el gusto por el detalle y los símbolos. Símbolos como las uvas o esa mosca, pintada con minuciosidad exquisita, que representan la fugacidad del tiempo y de la vida, como un presagio de la muerte cruel que, en menos de un año, le robaría a Trioson su querido hijo.


El detalle de la mosca se puede apreciar muy bien en el inicio de la excelente página web, que dejo a continuación, del Musée Girodet (no dejen de verla).


Antes de La Leçon de géographie, Girodet ya había retratado a su tutor, al menos, en dos ocasiones:

Anne-Louise Girodet-Trioson (1767-1824). Portrait de profil du docteur Trioson (1783)
Musée Girodet. Montargis

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Portrait du Docteur Trioson (1790)
Óleo sobre lienzo. 60 x 45 cm.
Musée Girodet. Montargis

Y, al niño, Benoît-Agnés, en otras dos.(2)

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Benoît Agnés Trioson
regardant des figures dans un livre
(1797)
Óleo sobre lienzo. 73 x 59 cm.
Musée Girodet. Montargis

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Benoît-Agnés Trioson étudiand son rudiment (1800)
Óleo sobre lienzo.
Musée du Louvre. París



Contemporáneo de grandes figuras de la Historia de la Medicina, como Desault, Vicq d'Azir o Corvisart, por no citar más que tres nombres ilustres, habitante de esa Francia situada en el primer nivel de la medicina mundial, el doctor Benoît-François Trioson, a quien hemos visto aquí ejerciendo no como médico sino como padre -una labor más difícil todavía- probablemente sería un completo desconocido si no fuera porque un pintor que alcanzaría merecida fama, Anne-Louis Girodet, formó parte importante de su vida: hasta el punto de convertirse en su hijo adoptivo y ser conocido como Girodet-Trioson.


NOTAS
(1) El topónimo "de Roussy", que también encontramos entre los apellidos de Girodet-Trioson, se debe a una finca que heredó de la familia de su madre. Dejó de usarlo durante la Revolución, para volver a añadirlo luego.
(2) Durante algún tiempo se pensó, incluso, que el retrato de una joven mujer, pintado por Girodet, era de Marie-Jeanne, la esposa de Trioson y madre de Benoît-Agnés. Pero fue un error de catalogación de un museo norteamericano; y ahora se cree que se trata de la esposa de otro médico y filósofo sobre quien ya tendremos ocasión de hablar: Cabanis.

21 de septiembre de 2011

Leopold Auenbrugger y su esposa


Leopold Auenbrugger con su esposa Marianne
Pintor austriaco desconocido de la segunda mitad del siglo XVIII
Óleo sobre lienzo
Donazione Putti. Instituto Ortopedico Rizzoli. Bolonia (Italia)
Fotografía de Luca Borghi (abril de 2009)

Pocas veces podremos contemplar un cuadro con el retrato de uno de los grandes nombres de la historia de la medicina acompañado por su esposa. En éste vemos al médico austriaco Leopold Auenbrugger (1722-1809), convenientemente empelucado -como mandaban los cánones de la época- y algo sobrado de carnes -los dos botones desabrochados del chaleco son buena prueba de ello- que muestra satisfecho su libro, el Inventum novum..., abierto de tal modo que pueda leerse la portada sin dificultad. A su lado, Marianne, la orgullosa esposa, apoya la mano derecha sobre el antebrazo contrario de su marido, mientras le ofrece, solícita, una taza de café -café vienés podría ser, por su lugar de residencia- que acaba de servir. La cafetera se encuentra detrás del libro. Sobre la mesa, cálamo y tintero, utensilios indispensables durante los largos años empleados en anotar los resultados de sus observaciones y redactar el libro.


Para saber más sobre la vida y la obra del inventor de la percusión como método exploratorio para el diagnóstico les recomiendo la entrada que le dedica el Profesor Fresquet en su blog historiadelamedicina.org, de donde tomo los siguientes párrafos:


"Entre 1751 y 1758 Auenbrugger trabajó como médico auxiliar en el Hospital Militar Español [de Viena], aunque sólo percibió salario a partir de 1755. En 1757 la emperatriz María Teresa ordenó a la Facultad de Medicina que lo admitiera en calidad de honorario. Después, entre 1758 y 1762 fue médico jefe en [el mismo Hospital], donde adquirió gran experiencia en el diagnóstico de las enfermedades de tórax. Fue en este periodo cuando ideó la percusión de la caja torácica con el fin de conocer el estado de los órganos internos mediante sonidos. Era gran aficionado a la música y estaba acostumbrado a diferenciar distintos tipos de sonido. A lo largo de siete años observó las diferencias de tono provocadas por distintas enfermedades de pulmón y de corazón. A esto añadió, además, la realización de necropsias para corroborar sus hallazgos. También llevó a cabo experimentos inyectando en el cadáver distintas cantidades de líquido y estudiando los sonidos a que daban lugar en la zona.
Sus hallazgos los publicó en Viena en 1761, en el libro Inventum novum ex percussione thoracis humani ut signo abtrusos interni pectoris morbos detegendi, que hoy se considera como un clásico de la historia de la medicina. Se trata de un opúsculo de noventa y cinco páginas, redactado de forma muy sobria. Comienza describiendo reglas de tipo práctico para el ejercicio de la percusión. Ésta deberá efectuarse de forma suave, juntas las puntas de los dedos, a manera de martillo, y cubierto el tórax del enfermo con la camisa o con un pañuelo. El sonido del pecho sano es análogo al de un tambor golpeado a través de un grueso paño de lana. Señala también los límites del sonido pulmonar y menciona, sin ser muy preciso, la matidez cardíaca. Distingue cuatro alteraciones del sonido torácico: 'alto', 'profundo', 'claro' y 'oscuro', aparte de sonitus paene suffocatus o abolición total. Estudia minuciosamente la respectiva presentación de esos cinco signos físicos en las más diversas enfermedades del tórax. Auenbrugger comparó, además, los resultados de la percusión con los que obtenía investigando dos signos más: la movilidad respiratoria de la pared torácica y el frémitus pectoral."(1)


Es probable que Auenbrugger ideara la percusión, como método exploratorio, recordando a su padre, que regentaba un hotel en su Graz natal (la segunda ciudad universitaria más importante de Austria, después de Viena, y cuna de grandes músicos), cuando golpeaba con los dedos los barriles de vino o cerveza para calcular el nivel del líquido que contenían. Pero, sin duda, fueron su inmensa afición musical y -en consecuencia- su "bien educado oído", los que le permitieron estudiar, clasificar y describir los distintos tonos que percibía al percutir la pared torácica. No obstante, a pesar de la buena acogida que tuvo el método entre algunos de sus colegas, la mayoría se mostraron indiferentes o, simplemente, lo ignoraron. En realidad, la percusión no empezó a convertirse en un método de exploración habitual en medicina hasta cerca de cincuenta años después, cuando el francés Jean-Nicolas Corvisart (1755-1821), médico de Napoleón, tradujo y comentó la obra de Auenbrugger en otro libro, publicado en 1808, con el título: Nouvelle méthode pour reconnâitre les maladies internes de la poitrine par la percussion de cette cavité.


Cuenta Pérez Peña que, a finales de los cincuenta o principios de los sesenta, del siglo pasado, cierto profesor encargado de clases prácticas en la Facultad de Medicina de San Carlos, de Madrid, amenizaba sus clases sobre la percusión narrando a los alumnos una anécdota, atribuida al propio Auenbrugger, o tal vez a Corvisart, que decía así:
"Al parecer el inventor de la percusión torácica, Joseph Leopold Auembrugger [...], abandonó una mañana su domicilio, para ir a cumplir sus obligaciones profesionales. Dejó en su casa a su linda y joven esposa. Pero habiendo olvidado alguna cosa que él juzgaba de importancia, se vio obligado a regresar de imprevisto a su domicilio. Llamó a la puerta abriéndole su esposa, la cual se mostraba azarosa, observándose en su semblante cierto nerviosismo y desasosiego. Sin mediar más palabras, Auenbrugger se dirigió a la puerta del armario que se encontraba junto al lecho conyugal, cuya puerta empezó a percutir señalando con un pizarrín, los límites del claro y mate, que él iba detectando. El resultado de tal maestría en el arte de la percusión, fue que en la puerta del armario, quedó dibujada la efigie de un republicano (en el armario escondido) con gorro frigio incluido."(2)


Evidentemente, tal anécdota, no tiene la menor credibilidad, resulta injuriosa, y no tiene más valor que el muy dudoso de ensalzar la habilidad exploratoria de Auenbruguer. Desde luego, en el improbable caso -por lo que sabemos- de que hubiese sido cierta, no iba a ser el médico austríaco, el presunto cornudo, quien la difundiera; y no creo que Corvisart, por muy francés y médico de Napoleón que fuera, tampoco lo hiciera.


De lo que no cabe duda, en cambio, es de que Leopold Auenbrugger era un apasionado de la música. Fue amigo y colaborador de Salieri, conoció a Mozart y tuvo muy buenas relaciones con HaydnAuenbrugger escribió el libreto de una ópera de Salieri: Der Rauchfangkehrer (El deshollinador), estrenada en 1781. YouTube tiene inactivada la inserción del aria de esta ópera de Salieri y Auenbrugger, pero se puede acceder a ella pulsando sobre el siguiente enlace:



Sí podemos insertar, al menos, el vídeo de la obertura; aunque, como es natural, no incluya la letra de nuestro médico músico:



Seguramente, Marianne, la esposa, compartió la afición musical de su marido, y ambos la transmitieron a sus hijas, Marianne (como su madre) y Caterina Franziska. Marianne, a pesar de su temprana muerte (nació el 19 de julio de 1759 y murió el 25 de agosto de 1782) llegó a ser considerada como una gran pianista y compositora. Las dos habían sido discípulas de Salieri y Haydn. Éste último, que las apreciaba mucho, les dedicó una serie de seis sonatas para piano (originalmente para clavicordio o "pianoforte"), la número 20 y las comprendidas entre los números 35 y 39, ambas inclusive, que se conocen precisamente como Sonatas Auenbrugger.

En You Tube, podemos ver y escuchar, por ejemplo, el 2º movimiento, adagio, de la número 38 interpretada por el pianista lituano Kasparas Uinskas:


Personalmente, siento especial predilección por la versión, posiblemente más cercana a la original por el instrumento que emplea y por su particular sensibilidad, de la gran pianista austriaca Ingrid Haebler.


Los melómanos empedernidos pueden escucharlas todas en mp3classicalmusic.


Como le dije en su día, esta entrada está dedicada a la profesora María Dolores del Corral, amiga y autora del blog AB MÚSICA Y MÁS, confiando en que haya sido de su agrado.

BIBLIOGRAFÍA
(1) FRESQUET, J.L. (2006): "Joseph Leopold Auenbrugger (1722-1809)". historiadelamedicina.org Blog. [Disponible en: http://historiadelamedicina.org/blog/2006/11/19/joseph-leopold-auenbrugger-1722-1809/; consultado el 21 de septiembre de 2011].
(2) PÉREZ PEÑA, F. (2005): Los últimos clínicos de San Carlos. Estampas y vivencias de la Facultad de Medicina de San Carlos. Parte Primera (hasta su cierre en octubre de 1965). Madrid, Editorial Vision Net: 84-85. [Disponible en: http://books.google.es/books?id=988bnZz_LpIC&printsec=frontcover&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false; consultado el 21 de septiembre de 2011].


ENLACES DE INTERÉS
CALHEIROS VIANA, R. (2010): "Leopold Auembrugguer - Músico Criador do Revolucionário Método de Examinar os Pacientes Através da Percussao das Cavidades". A Arte da Medicina. [Disponible en:  http://medicineisart.blogspot.com/2010/10/leopold-auenbrugger-deteccao-de-doencas.html; consultado el 21 de septiembre de 2011.]
OLANO, V.A. (1995): "La percusión en medicina". El Tiempo.com. [Disponible en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-321049; consultado el 21 de septiembre de 2011].

7 de septiembre de 2011

Hipócrates


Busto que representa a Hipócrates de Cos (c. 460 a.C. - c. 370 a.C.)
Museo Pushkin. Moscú

Anciano, calvo, con la barba corta, nariz prominente, y profundas arrugas en la frente debidas, quizás, más a los muchos años de continua reflexión que a la avanzada edad. Así se ha representado tradicionalmente a Hipócrates de Cos. No obstante, cabe señalar que ninguna de las representaciones hasta ahora conocidas del "padre de la medicina" muestra su auténtica apariencia física. Las más antiguas son bustos romanos de los primeros siglos de nuestra era, copia de otros griegos anteriores; pero tampoco contemporáneos suyos. En realidad, es muy poco cuanto se sabe con certeza de él, y en torno a su figura hay tanto o más de mito y leyenda que de verdadera historia.


Sin embargo, los artistas de todos los tiempos parecen haber adoptado el arquetipo para mostrárnoslo. No cuesta reconocer la cara de Hipócrates, por ejemplo, en el siguiente cuadro de Girodet-Trioson (ya comentado en el blog Medicina y Arte), y su semejanza con el busto que encabeza esta entrada.

Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson (1767-1824)
Hippocrate refusant les presents d'Artaxerxés (1792)
Óleo sobre lienzo. 99 x 135 cm.

Lo mismo en el fresco de un desconocido artista bizantino del siglo del siglo XIV, en el que aparece -algo estrábico- mostrando uno de los libros del inmenso Corpus Hippocraticum...
...que en el siguiente grabado, atribuido al gran Rubens, o en las diversas imágenes que nos ofrece la National Library of Medicine.

Pedro Pablo Rubens (1577-1640). Grabado que representa a Hipócrates (1638)

Más extraño se hace verlo con abundante cabellera, cual si fuera cierto político manchego, hoy por hoy presidente del Congreso patrio: imagen paradigmática de los exitosos resultados que se pueden obtener con un buen trasplante capilar. Así aparece Hipócrates en el blog Odisea 2008, de César Ojeda, quien lo toma de una obra de André Thevet titulada: Les vrais pourtraits et vies des hommes illustres grecz, latins et payens (1584). Sin dejar de reconocer la belleza de este grabado, parece anacrónico contemplar aquí al médico griego con un libro abierto en el atril y entregado a la escritura de alguna de sus obras en otro de ellos, se supone que tratando sobre plantas medicinales, por las que se ven sobre la mesa. Libros como esos no existían entonces. Tampoco parece lógico que el instrumental quirúrgico se encuentre en esa misma mesa, pudiendo herirle en el antebrazo o en el codo. Y... ¿qué contendrá la jarra en la que apoya su mano izquierda?

Hipócrates, tal como aparece en la obra de André Thevet
Les vrais pourtraits et vies des hommes illustres grecz, latins et payens (1584)
Imagen tomada del blog Odisea 2008, de César Ojeda


Más raro todavía resulta verlo con un tocado o turbante, al modo oriental, como lo pintan Pieter Lastman y Nicolaes Berchem en sus respectivos cuadros, que reproduzco de nuevo -aunque no sean propiamente retratos- por su belleza e interés. Ya fueron comentados, también, en Medicina y Arte.

Pieter Lastman (1583-1633). Hippocrate rendant visite à Démocrite (1622)
Óleo sobre tabla. 111 x 114 cm.
Le Palais des Beaux-Arts de Lille

Nicolaes Berchem (1620-1683). Hippocrate rendant visite à Démocrite (c. 1650)
Óleo sobre tabla. 67,3 x 81,3 cm.

4 de septiembre de 2011

Alice Hamilton


Alice Hamilton (1893)
Michigan Historical Collections, Bentley Historical Library
Universidad de Michigan

Así era Alice Hamilton (1869-1970) cuando se graduó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan, en 1893. Tenía carita de niña todavía. Pero parece ilusionada, decidida, responsable, tenaz, fuerte en su apariencia frágil. Alcanzaba entonces la primera meta en una larga carrera personal llena de obstáculos que la llevaría, entre otras cosas, a convertirse en una auténtica pionera de la Medicina del Trabajo en los Estados Unidos de América, y la primera persona que impartió docencia sobre la materia en el país, en la Universidad de Harvard. Todo fue más difícil porque era mujer.


Alice Hamilton nació en Nueva York, el 27 de febrero de 1869, pero vivió durante su infancia en Fort Wayne (Indiana) en el seno de una familia acomodada. Era la segunda hija del matrimonio formado por Montgomery y Gertrude Hamilton (ella, de soltera, Gertrude Pond). Tenía tres hermanas más y un hermano pequeño. Todos recibieron una esmerada educación; primero de sus padres y luego en los mejores colegios. Desde la adolescencia, Alice manifestó su deseo de estudiar Medicina, y tuvo que convencer a su padre para poder hacerlo. No es que fuera la primera estudiante de Medicina en los Estados Unidos; pero tampoco había muchas.


Cuando acabó la carrera, a los 24 años de edad, ya sabía que prefería el camino de la investigación y la docencia al ejercicio profesional, prefería el laboratorio a la consulta. No obstante, quiso ampliar su formación clínica haciendo prácticas en el Minneapolis Hospital for Women and Children y en el New England Hospital for Women and Children. En 1895, acompañada por su hermana mayor, Edith (quien, años después gozaría de notable prestigio por sus publicaciones sobre la cultura y la mitología de la Grecia clásica), viajó a Alemania -la cumbre de la medicina mundial en aquella época- con la intención de estudiar bacteriología y anatomía patológica. Se encontró, sin embargo, con que las mujeres alemanas no tenían permitido el acceso a la universidad. Con bastantes dificultades, consiguió que se le autorizara el acceso a algunas clases en las universidades de Munich y Leipzig, pero con la condición de que se hiciera prácticamente "invisible" para no perturbar a profesores y alumnos varones. Al año siguiente regresó a los Estados Unidos y continuó sus estudios de postgrado en la renombrada Universidad John Hopkins, de Baltimore. En 1897 empieza a trabajar como profesora de anatomía patológica en la Facultad de Medicina para mujeres de la Northwestern University y poco tiempo después como microbióloga del Memorial Institute for Infectious Diseases de Chicago (Illinois), donde permanecería hasta 1909.


Desde su llegada a Chicago, la doctora Hamilton va a vivir en la Hull House de Jane Addams, la famosa reformadora social, primera mujer a la que se le concedería el Premio Nobel de la Paz, en 1931. En la Hull House, Hamilton, va a conocer un mundo nuevo que cambiará radicalmente su vida. Entra en contacto con el mundo obrero y los inmigrantes, es decir, con la pobreza, las inhumanas condiciones de vida y los trabajos insalubres, nocivos y peligrosos. Como médico, en la Hull House, imparte clases de Educación para la Salud y crea una clínica para niños pobres que atiende personalmente, y continuaría haciéndolo durante los veintidós años que viviría en la casa. Allí fue donde comenzó su interés por la que entonces se llamó Industrial Medicine y luego Occupational Medicine (Medicina del Trabajo en España). Sus investigaciones se centraron, principalmente, en los daños para la salud ocasionados por los metales, como el plomo, el arsénico, el mercurio o el radio, y diversos compuestos químicos presentes en las fábricas de barnices y pinturas, en la producción de caucho y, más tarde, sobre todo durante la Primera Guerra Mundial, en las fábricas de municiones y explosivos. De dichas investigaciones surgieron un elevado número de publicaciones y sus dos libros más importantes sobre la materia: Industrial Poissons in the United States (1925) e Industrial Toxicology (1934).


Si, antes de Alice Hamilton, los estudios sobre enfermedades profesionales en los Estados Unidos de América eran muy escasos, la legislación social para la protección de la salud de los trabajadores -al contrario de lo que ocurría en muchos países de Europa, entre ellos España- era inexistente. Pero, en 1911, el gobernador de Illinois la contrató para dirigir los estudios científicos de la recién creada Comisión para el Estudio de las Enfermedades Profesionales, gracias a la cual se promulgaron las primeras normas legales sobre la materia en ese estado. Posteriormente, durante una década -y sin sueldo- realizó la misma labor para el Gobierno Federal.


En 1919, la Universidad de Harvard la contrató como profesora del Departamento de Medicina Industrial que acababa de constituir. La noticia parecía tan extraordinaria que los periódicos de la época, como el New York Times, se hicieron eco de ella. Era la primera mujer que contrataba esa Universidad para impartir clase a sus alumnos que, todavía, eran todos varones. No es que Harvard se volviera feminista de repente; simplemente, es que la doctora Hamilton era la mejor especialista. De hecho, se le contrató dejándole claras tres prohibiciones: no podía participar en las ceremonias de la Universidad, no tenía permitido el acceso al "Club" de la Facultad, y no tenía derecho a entradas para los partidos de fútbol americano.


De aquel tiempo, cumplida ya la cincuentena, es una de las fotografías más difundidas de la doctora Hamilton, la que puede verse a continuación.

Fotografía con autógrafo de Alice Hamilton, en torno a los 50 años de edad
National Library of Medicine, Images from de History of Medicine, B014009



La misma que utilizaría el Servicio de Correos norteamericano para el sello que emitió en su honor, en 1995.



En verdad su mirada no había cambiado mucho en casi treinta años... Pero, echo en falta, en esta fotografía, la luminosa ilusión que he creído ver en sus ojos en la foto de la graduación. La mirada parece ahora más apagada. ¿Cansada? ¿Decepcionada? Quizás sea sólo una apreciación mía injustificada...


Lo cierto es que, durante su etapa de profesora en Harvard, ya recibía premios y honores, y fue nombrada para representar a su país en diversos organismos internacionales relacionados con la seguridad y la salud en el trabajo. Desde 1924 hasta 1930 fue la única mujer participante en el Comité de Salud de la Liga de Naciones, representando a los Estados Unidos. En aquel mismo año, 1924, pasó seis semanas invitada por los dirigentes de la Unión Soviética, que entonces parecía ser la más avanzada en estos temas, para conocer las medidas tomadas para la protección de la salud de los trabajadores.


En 1935, al cumplir los 65 años de edad, se jubila en la Universidad, ocupando el mismo puesto de profesora asociada en el que había empezado. Nunca ascendió. Pero tampoco cesó nunca en sus múltiples actividades. Siguió colaborando como asesora del gobierno norteamericano. Publicó su autobiografía, Exploring the Dangerous Trades, en 1943. En 1944, su nombre ya figuraba en la lista de "Men of Science"... Y continuó en su lucha personal en favor de la justicia social y el pacifismo.


Ya con ochenta años cumplidos, como la vemos en la siguiente fotografía, le gustaba pintar y cuidar el jardín en su casa de Hadlyme (Conneticut); donde -se dice- el FBI la tenía vigilada por "subversiva", a causa de sus manifestaciones contra la guerra de Vietnam.

Alice Hamilton en su casa de Hadlyme (Conneticut), 1957
The Schlesinger Library, Radcliffe Institute, Harvard University



Alice Hamilton falleció con 101 años, el 22 de septiembre de 1970, tres meses antes de que se promulgara la primera ley federal sobre Seguridad y Salud en el Trabajo en los Estados Unidos. No había pasado mucho tiempo desde que dijo: "Para mí, la satisfacción es que las cosas están mejor ahora, y yo he tenido algo que ver con ello".


Sobre la doctora Hamilton se puede encontrar amplia información en Internet. Se habla de ella en las páginas de varios organismos oficiales, como la titulada Changing the face of Medicine, de la National Library of Medicine (NLM) o la del National Institute for Occupational Safety and Health (NIOSH), publicada por los Centers for Disease Control (CDC). Aparece en varias páginas dedicadas a mujeres famosas como la Conneticut Women's Hall of Fame, o The Safety and Health Hall of Fame International. Especialmente recomendable me parece lo publicado por la American Chemical Society (ACS) "Alice Hamilton and the Development of Occupational Medicine". En español, la principal referencia la encontramos en el blog historiadelamedicina.org, del Profesor Fresquet (2006): "Alice Hamilton (1869-1970) y las enfermedades laborales".


El NIOSH también publicó, en 1988, el siguiente vídeo con el que finaliza este merecido recuerdo a una de las pioneras de la Medicina del Trabajo y la Salud Laboral: Alice Hamilton.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...