14 de noviembre de 2011

El abuelo médico de las Anguissola



Lucía Anguissola (c.1536-c.1565). Retrato de Pietro M. Ponzone
o Retrato de Pietro Manna, médico de Cremona (1557)
Óleo sobre lienzo. 96 x 76 cm.
Museo del Prado. Madrid

"Caso singularísimo en la historia de la pintura es el de las hermanas cremonesas Sofonisba, Elena, Lucia, Europa y Ana Maria Anguissola, todas pintoras retratistas muy precoces."(1) Así empieza Ricardo Topolansky su comentario sobre el cuadro que da inicio a esta entrada, el que nos muestra al abuelo médico de las Anguissola. El artífice de ese hecho tan poco común, posiblemente único a mediados del siglo XVI, fue el padre de las niñas, Amilcare, un caballero de la baja nobleza de Cremona, en la Lombardía italiana, con más cultura que recursos económicos, aficionado a la historia antigua -especialmente a la cartaginesa, por su propio nombre y por los que dio a su hijo Asdrubal y a su hija Sofonisba, la mayor y la que llegaría a ser la más famosa(2)- y apasionado por el arte; que se empeñó en que sus hijas recibieran una formación muy superior a la que por entonces era habitual no sólo para las mujeres (cosa que resultaba absolutamente extraordinaria) sino incluso para los hombres; orientándolas especialmente hacia la pintura (en una época en la que, como profesión, era impensable que una mujer fuese pintora) con sorprendentes resultados.

De Lucia, la autora del cuadro, la tercera hija de Amilcare Anguissola y Bianca Ponzone, se sabe muy poco. No hay certeza sobre el año de su nacimiento, que unos sitúan en 1536, otros en 1540, y la mayoría en torno a 1538. Tampoco se sabe cuando murió. Se cree que pudo ser en 1565; nunca después de 1568. Lo único cierto es que falleció muy joven, con veintitantos años, al contrario que su hermana Sofonisba, que alcanzaría los noventa y dos o noventa y tres años de edad. Su temprana muerte es la causa de que la obra pictórica de Lucia Anguissola -retratos familiares en su mayor parte- sea escasa. Escasa, pero de una calidad encomiable para una pintora que era prácticamente una niña. Y, entre sus retratos, destaca de manera especial éste de su abuelo médico.


El cuadro es propiedad del Museo del Prado, donde se encuentra catalogado con el título de "Pietro Manna, médico de Cremona", aunque el nombre del abuelo materno de las Anguissola era Pietro Maria (o Pietro Martire -según algunos- por el santo veronés) Ponzone. La profesión del abuelo queda patente mediante su símbolo, el bastón de Esculapio, el bastón con la serpiente enrollada que sujeta en su mano izquierda. Pero, también, por los dos gruesos volúmenes depositados sobre la mesa, a su derecha, como muestra de sus grandes conocimientos, y por la toga con cuello de martas que viste, indicativa de su alto rango. Pero llama la atención, en este retrato de más de medio cuerpo en el que el abuelo aparece dignamente sentado, el que con una escasa paleta de colores Lucía, como era característica común de las hermanas en los retratos de su familia, dota al cuadro de una especial sensibilidad y -podríamos decir- de vida, evitando el carácter formal, a veces severo, de muchos retratos, con pequeños detalles como ese hombro algo más levantado o, sobre todo, el simpático gesto de la cara arqueando la ceja izquierda. La doctora Olga Marqués Serrano, dermatóloga, en su libro La piel en la pintura (que es, en si mismo, una auténtica obra de arte), en el que realiza un amplio repaso a las enfermedades y trastornos relacionados con su especialidad en la historia de la pintura, nos hace notar que el doctor Ponzone presentaba "...una alopecia androgenética grado V, también llamada calvicie hipocrática o en herradura, en la que la afectación de la región fronto-cervical es total."(3)


Lucia firmó su cuadro en el brazo izquierdo del sillón donde se sienta su abuelo. Lo hizo como hija de Amilcare, "adolescens". Vasari, que lo vio, alaba este cuadro en Las vidas... Tras el fallecimiento de la joven pintora, Amilcare se lo envió a su hermana, a España; donde, con el tiempo, pasaría a formar parte de la colección real.


La ciudad de Cremona ha estado muy presente en esta entrada, la patria de los Stradivari y los Guarneri, que la hicieron famosa más de un siglo después de que nacieran y vivieran allí los Anguissola por la magia de sus violines, pero también la ciudad natal de Claudio Monteverdi (1567-1643) nacido poco después de la muerte de Lucia Anguissola. En homenaje a esa pintora adolescente que retrató a su abuelo en un cuadro tan hermoso y tan lleno de amor, despedimos por hoy con la música de su paisano Monteverdi: "Si dolce e'l tormento", en la prodigiosa y peculiar voz del contratenor francés Philippe Jaroussky.


NOTAS
(1) TOPOLANSKY, Ricardo (2006): "Lucía Anguissola. Retrato del Dr. Pietro María de Cremona. Museo del Prado". Pescando en Internet, 225 [Disponible en: http://www.sguruguay.org/documentos/pescando/Pescando225.pdf; consultado el 13 de noviembre de 2011].
(2) Sofonisba Anguissola (c.1532-1625) fue una magnífica pintora que, aunque con cierta fama en su época, no pudo ejercer libremente el oficio -la mayor parte de su larga vida- por su condición de mujer. Por eso mismo, muchos de sus cuadros no están firmados y, durante mucho tiempo, fueron atribuidos a pintores de la Corte española, como Alonso Sánchez Coello, entre otros. Sólo recientemente se ha reconocido que ella fue la autora de esas obras. A España llegó cuando tenía veintisiete años, a finales de 1559, por recomendación del Duque de Alba a Felipe II, como dama de compañía -que era un puesto más importante que el de pintor- de la nueva reina Isabel de Valois, tercera esposa del Rey. Todo indica que Sofonisba se ganó enseguida la estima y confianza de la joven y bella Isabel, y del mismo Felipe II a través de su esposa. Tanto que, tras la muerte de ésta, el Rey le pidió que se quedara en la Corte para hacerse cargo de la educación de las infantas, Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. Posteriormente, regresaría a Italia... Por otra parte, el nombre de Sofonisba rememora a la hija del general cartaginés Asdrúbal Giscón, que prefirió envenenarse antes que caer cautiva de Escipión.
(3) MARQUÉS SERRANO, Olga (2009): La piel en la pintura. Madrid, Reprofot: 183.


*Actualizado el 4 de septiembre de 2012.

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