27 de octubre de 2011

Miguel Servet (1511-1553)


Cristoffel van Sichem "El Joven" (c.1546-1624). Retrato de Miguel Servet (1607)
Grabado en cobre
Biblioteca Nacional de París
Fuente: Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet

Tal día como hoy, 27 de octubre, pero del año 1553, quemaban vivo en la hoguera al teólogo y médico español Miguel Servet. No fue por haber descubierto la circulación pulmonar de la sangre, ni por su acerada crítica a los métodos terapéuticos de la época, ni por sus aficiones astrológicas, entonces tan en boga... A Miguel Servet no le quemaron por nada que tuviera que ver con su obra médica. Murió en la hoguera por sus creencias religiosas, en aquellos convulsos inicios de la Reforma Protestante y la Contrarreforma Católica, por mantener -con tozudez maña- su derecho a la libertad de pensamiento, de expresión y de conciencia.


Aunque hace menos de un mes, el pasado 29 de septiembre, con motivo del V Centenario de su nacimiento, le dedicamos una más elaborada entrada en TIEMPO PARA LA MEMORIA (que invito a visitar, en el enlace anterior) no he querido dejar de traer a este blog su retrato en la fecha que se cumple el aniversario de su muerte.


Se trata de un grabado en cobre, de gran calidad, realizado en 1607 (es decir, cincuenta y cuatro años después de la muerte de Servet, con toda probabilidad sin que el autor le hubiera conocido) por el holandés Cristoffel van Sichem "El Joven" (c.1546-1624). Un grabado que ha sido reproducido, interpretado y copiado en diversas ocasiones, por distintos autores; y que en ésta, su versión original, según la página web del Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet, y otras fuentes, se conserva en la Biblioteca Nacional de París.


El artista nos presenta a Servet de medio cuerpo, en actitud reflexiva y tranquila, aparentemente de pie en lo que parece ser una balconada, con una columna a su espalda. La mano derecha en el pecho y la izquierda sujetando un pequeño libro, probablemente aquel Christianismi Restitutio que le costó la vida. En la parte inferior, bajo la firma del autor, "Sichem fecit", una leyenda recuerda el origen del personaje grabado: "Michael Servetus Hispanus de Aragonia". Arriba, a la izquierda -según se mira el cuadro-, en el horizonte, contemplamos su cruel final.


Un buen ejemplo de retratos posteriores de Miguel Servet, basados en el grabado de van Sichem, es el que se halla en el Intituto de Educación Secundaria que lleva el nombre de aquél, en Zaragoza, pintado por Eugenio Ramos, que fue profesor del Centro. Lo encontramos, junto a una abundante iconografía (incluyendo un dibujo de Picasso, de 1904) en la ya citada página web del Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet.

Eugenio Ramos. Retrato de Miguel Servet (1936)
Óleo sobre lienzo. 130 x 96 cm.
Instituto de Educación Secundaria "Miguel Servet". Zaragoza
Fuente: Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet


En mi opinión, este cuadro de Eugenio Ramos representa mejor que el grabado de van Sichem, en el que aparece demasiado envejecido, a un hombre de 42 años recién cumplidos, que son los que tenía Servet cuando murió en la hoguera.


Acabo, como siempre que puedo, con música. Bajo la dirección de Juan Luis Martínez, la joven Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Aragón (OSCSMA), interpreta la tercera parte "Pneuma: La Circulación Menor", compuesta por Tomás Virgós, de la obra creada para conmemorar el V Centenario del nacimiento de Miguel Servet: Servetis Anima.


Sirva esta entrada como un modesto homenaje más a la memoria de Miguel Servet, y como testimonio de adhesión personal a los principios y valores de la libertad de expresión y la libertad de conciencia.

OTROS ENLACES DE INTERÉS:

16 de octubre de 2011

El capitán médico Santiago Ramón y Cajal


Retrato del Capitán Médico Santiago Ramón y Cajal
Museo del Ejército. Toledo (España)

Estamos acostumbrados a ver la imagen de don Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) ya mayor, incluso anciano, con su característica alopecia hipocrática y su recortada barba, retratado por Sorolla (1906) o por Ricardo Madrazo, entre otros; y, sobre todo, a verle fotografiado en su laboratorio, trabajando con el microscopio. Por eso, sorprende encontrarle en este cuadro tan joven (veintidós años tendría, veintitrés a lo sumo), cuando todavía conservaba íntegra su cabellera y permanecía barbilampiño, vestido con uniforme militar.


El cuadro es propiedad del Museo del Ejército, que está en Toledo (España). Muestra a Cajal con uniforme de capitán del Cuerpo de Sanidad Militar, en lo que podría ser un botiquín de campaña, por los frascos con medicamentos que hay encima de la mesa. A su espalda, a través de la abertura de la tienda, se puede contemplar parte del paisaje de la manigua cubana, con un fortín militar. Cajal aparece de pie, en un retrato de más de medio cuerpo, mirando directamente hacia nosotros, con un libro entreabierto en su mano derecha. Sin duda, el cuadro es bastante posterior al momento histórico que representa. Ningún pintor hubiese retratado entonces, en Cuba, a aquel joven médico desconocido. Faltaban todavía treinta y dos años para que le concedieran el Premio Nobel, en 1906. Aunque firmado en su esquina inferior izquierda, no he sido capaz de averiguar quien es el autor en la imagen de la que dispongo, como tampoco conozco su fecha de realización ni las características técnicas del cuadro. Si alguien me pudiera informar de ello, le quedaría muy agradecido.


Cuando Santiago Ramón y Cajal se licenció en Medicina con 21 años de edad, en 1873, hacía poco que se había proclamado la Primera República Española. Con ella se había instaurado el servicio militar obligatorio. El recién licenciado en Medicina fue llamado a filas para formar parte de la conocida como "Quinta de Castelar", por el apellido del político gaditano, célebre por su oratoria, que primero ocupó la cartera de Estado y luego fue presidente del gobierno de la República, y que promulgó la Ley que ordenaba la obligatoriedad del servicio militar. Sus primeros meses, como soldado, los pasó Cajal en Zaragoza. Al poco, se convocaron oposiciones al Cuerpo de Sanidad Militar. Cajal las aprobó, obteniendo el número 6, entre 100 candidatos que se presentaron para 32 plazas. Ya como teniente, fue destinado al Regimiento de Burgos, acuartelado en Lérida, con la misión de defender los Llanos de Urgel en la Tercera Guerra Carlista. Para el militar idealista, que entonces era Ramón y Cajal, fue una desilusión no tener que intervenir en acción bélica alguna durante el tiempo que pasó en Cataluña. Por tanto, recibió encantado su destino a Cuba, en plena Guerra de los Diez Años, y el consiguiente ascenso a capitán que suponía el paso a ultramar. Allí se fue contento, pero con la franca oposición de su padre, don Justo Ramón Casasús. Eso sí, el bueno de don Justo se ocupó de conseguir para su hijo valiosas cartas de recomendación, con objeto de que tuviera en la isla el mejor destino posible. Como era preceptivo, para su aclimatación, el primer mes en la Gran Antilla lo pasó Cajal en La Habana, dedicado por entero a dos de sus muchas aficiones: la pintura y la fotografía. Le gustaba la pintura, el dibujo, desde niño. De hecho, esa era su gran vocación. A la fotografía se había aficionado durante sus últimos cursos en la Facultad de Medicina de Zaragoza. En ambas aficiones llegaría a ser un maestro. Ambas le serían muy útiles durante toda su vida, en su ingente actividad científica.


Tras aquel agradable mes en La Habana, llegada la hora de recibir su destino definitivo en la isla, pero como nuestro hombre era tan "cajaliano" -si se me permite la expresión- no presentó las cartas de recomendación que con tanto empeño le había conseguido su padre, cosa que sí habían hecho la mayoría de sus compañeros, por no decir todos. El resultado es que obtuvo el peor destino posible, el Hospital de Campaña de "Vista Hermosa", situado en uno de los ligares más peligrosos de la isla a pesar de su idílico nombre, donde los soldados caían diezmados por el enemigo, pero -más aún- por el paludismo y la disentería. Luego pasó a la enfermería de San Isidro, en la "trocha del Este". Cajal, en poco tiempo, quedó agotado y contagiado de esas enfermedades endémicas. En 1875 regresó a España, todavía enfermo, diagnosticado de "caquexia palúdica grave" y declarado "inutilizado en campaña". Así acabó su corta carrera militar. Aunque, la fatalidad se convertiría en fortuna, porque iniciaría entonces su carrera definitiva, la de investigador, para llegar a ser el científico español por excelencia.


Nada mejor para conocer en profundidad la historia de don Santiago Ramón y Cajal durante esos años a los que nos hemos referido, que leer lo que él mismo dice en los capítulos XXII, XXIII, XXIV y XXV (cada uno de ellos está enlazado en su número correspondiente) de su gran obra autobiográfica Recuerdos de mi vida, de la que disponemos en Internet gracias al Centro Virtual Cervantes.


Para quien quiera, y tenga tiempo para ello, es muy recomendable también ver el capítulo dedicado a esta parte de la biografía cajaliana en aquella gran serie de José María Forqué, Ramón y Cajal: Historia de una voluntad, que Televisión Española emitió en 1982, con un Adolfo Marsillach magistral en el papel protagonista (aunque, lógicamente, es otro actor, cuyo nombre desconozco, quien interpreta al joven Cajal en este capítulo) y Fernando Fernán Gómez como don Justo Ramón y Casasús.


Mañana, 17 de octubre, se cumplirán 77 años del fallecimiento de don Santiago Ramón y Cajal. Sirva esta entrada como modesto recuerdo y homenaje a su persona.

2 de octubre de 2011

La lección de geografía del doctor Trioson


Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). La Leçon de géographie (1803)
Óleo sobre lienzo. 101 x 79 cm.
Musée Girodet. Montargis (Francia)

Si, en la entrada anterior, contemplábamos el retrato del doctor Auenbrugger con su esposa, hoy vemos a otro médico pero, esta vez, con su hijo. La escena no guarda relación alguna con la actividad profesional (y nada sabríamos de ella si no fuera por un símbolo que, entre otros, de otras cosas, el pintor nos deja sutilmente en el cuadro) sino que se desarrolla en la intimidad del ámbito familiar. ¿Acaso hay algo más importante que la familia, si se descarta la salud?


De los protagonistas del cuadro se sabe poco. El doctor Benoît-François Trioson (1735-1815) era médico ("medecin-des-mesdames", leemos en Wikipedia; aunque no se puede asegurar, por ello, que fuera obstetra y ginecólogo) y uno de los ciudadanos más notables de la villa de Montargis, que dista 115 kilómetros de París. Su ideología monárquica, posiblemente, le habría causado algunas dificultades durante los convulsos tiempos de la Revolución Francesa. Con su joven esposa, Marie-Jeanne, lamentablemente fallecida en 1795, y cumplidos ya los 55 años -bastante mayor para la época- había tenido a su único hijo, Benoît-Agnés (1790-1804), en quien se centrarían sus atenciones y sus ilusiones; pero que moría, también, por desgracia, el año después de que se pintara el cuadro. La relación del doctor Trioson con el pintor Anne-Louis Girodet (1767-1824) venía de antiguo. Tanto, que muchos afirman que era hijo natural suyo. Oficialmente, se dice que Trioson era íntimo amigo de los padres de Girodet, quienes le nombraron su tutor. Ambos murieron, con pocos años de diferencia, en 1784 y 1787. Desde entonces, el doctor Trioson se hizo cargo de todo lo concerniente a Girodet, incluyendo su herencia y su formación artística, primero en arquitectura y luego en pintura, llegando a ser uno de los discípulos más destacados de Jacques-Louis David. Tras el fallecimiento del pequeño Benoît-Agnés, el médico adoptó como hijo al pintor, y éste unió a su apellido el de su padre adoptivo, surgiendo así el compuesto Girodet-Trioson.(1)


En cuanto al cuadro que da inicio a esta entrada, titulado La Leçon de géographie y fechado en 1803, se puede decir que es el último de una serie de retratos de la familia del doctor Trioson pintados por Girodet (algunos de ellos los podremos ver después). Una vez más, el artista rinde homenaje a su tutor,cuya profesión se expresa mediante el busto de Hipócrates que aparece al fondo, detrás del médico, con un doble retrato muy representativo del espíritu que Rousseau infundió a la Ilustración. El doctor Trioson, como padre, contribuye activamente a la educación de su hijo. Para complementar su formación, tras haber leído los Comentarios de la Guerra Civil, de Julio César, el libro sobre el que el niño apoya su mano derecha, su padre le muestra en un globo terráqueo el norte de África y ambos señalan hacia el lugar donde Pompeyo fue asesinado. Los accesorios se limitan a lo esencial para resaltar, fundamentalmente, la afectuosa solicitud con la que el padre atiende a su hijo, absorbido por el estudio. Pero, Girodet, era también un apasionado de la pintura flamenca del siglo XVII, y de ésta toma el gusto por el detalle y los símbolos. Símbolos como las uvas o esa mosca, pintada con minuciosidad exquisita, que representan la fugacidad del tiempo y de la vida, como un presagio de la muerte cruel que, en menos de un año, le robaría a Trioson su querido hijo.


El detalle de la mosca se puede apreciar muy bien en el inicio de la excelente página web, que dejo a continuación, del Musée Girodet (no dejen de verla).


Antes de La Leçon de géographie, Girodet ya había retratado a su tutor, al menos, en dos ocasiones:

Anne-Louise Girodet-Trioson (1767-1824). Portrait de profil du docteur Trioson (1783)
Musée Girodet. Montargis

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Portrait du Docteur Trioson (1790)
Óleo sobre lienzo. 60 x 45 cm.
Musée Girodet. Montargis

Y, al niño, Benoît-Agnés, en otras dos.(2)

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Benoît Agnés Trioson
regardant des figures dans un livre
(1797)
Óleo sobre lienzo. 73 x 59 cm.
Musée Girodet. Montargis

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Benoît-Agnés Trioson étudiand son rudiment (1800)
Óleo sobre lienzo.
Musée du Louvre. París



Contemporáneo de grandes figuras de la Historia de la Medicina, como Desault, Vicq d'Azir o Corvisart, por no citar más que tres nombres ilustres, habitante de esa Francia situada en el primer nivel de la medicina mundial, el doctor Benoît-François Trioson, a quien hemos visto aquí ejerciendo no como médico sino como padre -una labor más difícil todavía- probablemente sería un completo desconocido si no fuera porque un pintor que alcanzaría merecida fama, Anne-Louis Girodet, formó parte importante de su vida: hasta el punto de convertirse en su hijo adoptivo y ser conocido como Girodet-Trioson.


NOTAS
(1) El topónimo "de Roussy", que también encontramos entre los apellidos de Girodet-Trioson, se debe a una finca que heredó de la familia de su madre. Dejó de usarlo durante la Revolución, para volver a añadirlo luego.
(2) Durante algún tiempo se pensó, incluso, que el retrato de una joven mujer, pintado por Girodet, era de Marie-Jeanne, la esposa de Trioson y madre de Benoît-Agnés. Pero fue un error de catalogación de un museo norteamericano; y ahora se cree que se trata de la esposa de otro médico y filósofo sobre quien ya tendremos ocasión de hablar: Cabanis.

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